sábado, 20 de junio de 2009

La doble ciudadanía - una forma de rescatar la raíz

Retomo mi relato cronológico, porque como habrán leído en la entrada anterior alteré la secuencia, dado que los acontecimientos de abril de 2009 merecían que los mencionara.

La primera acción de Héctor al regresar a Buenos Aires fue pedir un turno en el Consulado de Italia, para sacar la ciudadanía italiana.
Fecha de entrega de la carpeta con todas las partidas de nacimientos, casamientos, defunciones, originales, duplicados, traducciones:
Para noviembre de 2003... Dos años más tarde!

Claro, en Argentina se estaba dando una situación económica grave, donde muchos veían una salida el irse a vivir a España o Italia y buscaban desesperados los papeles para legalizar su entrada a la comunidad europea. Los consulados estaban desbordados de trabajo. Esta foto es el ejemplo de lo que pasaba en esa época, frente al consulado de España en este caso.

No era este el caso, así que lo tomamos con calma.
Teniendo la partida de nacimiento del abuelo José, todo lo demás estaba en Argentina y era facilmente rastreable.
Eso creímos.
Las consultas a Italia iban y venían por mails, 48 horas a más tardar teníamos las respuestas.
Aquí comenzó, a pesar de vivir en la era de internet, todo lo contrario.
La peregrinación por Registros Civiles.
Cartas postales a los jefes de dichos registros.
Pago de aranceles en el banco para que entregaran las partidas, aunque algunas fueron gratuitas.
Solicitar a parientes, cercanos y no tanto, el favor de ir personalmente a retirarlas para obviar la demora.
Todo dentro del territorio de la provincia de Buenos Aires.
Punto de partida de la búsqueda: la localidad de Escobar.
Los bisabuelos se habían radicado allí con sus hijos, allí también el abuelo José se había casado y había nacido el papá de Héctor.
Luego Enrique, el padre de Héctor se había casado con Aída, la mamá, en Coronel Pringles.
Los demás documentos se pidieron en Junín, salvo los de nuestro casamiento y el nacimiento de nuestras hijas, que están en capital.

Así pasó el tiempo y la carpeta iba engrosando.
Un traspié que nos hizo zozobrar un poco fue que hubo que pedir en el Registro Electoral la certificación de que el abuelo José, cuando necesita nacionalizarse en el año 1955 para poder acceder a la jubilación, no había renunciado a su ciudadanía italiana.
Afortunadamente no lo había hecho, aunque sabíamos que a mucha gente le había pasado.
Y otra cosa que favoreció, fue que todos los hijos del abuelo José habían nacido antes de su nacionalización.
El costo de las traducciones fue un tema también.
Hubo que acudir a una traductora pública matriculada, cuyos honorarios no eran minúsculos,
así que íbamos haciéndolas traducir mes a mes.
En el registro Civil de la capital existe la posibilidad de que al solicitar las partidas también entreguen las traducciones al mismo tiempo, previo pago, por supuesto.

Y llegó el día...
Héctor dejó la carpeta y a esperar...
En mayo de 2004, seis meses después, se recibe un llamado del consulado para avisar que falta un certificado.
Es que además del certificado original italiano, que le habían dado en la comuna de Concorezzo, Héctor había adjuntado (innecesariamente) la fotocopia del libro de nacimientos donde se había escrito, en lápiz en el margen, que habían emigrado al Brasil.
Sí, estuvieron en San Pablo, Brasil, no más de ocho o nueve meses, desde donde salieron para Argentina por causa de la fiebre amarilla.
Por lo tanto en el consulado exigían un certificado que confirmara que no se habían nacionalizado brasileños.
Nuevo trámite, esta vez al Ministerio de Justicia de Brasil, Departamento de Extranjeros. En setiembre de 2004 llega el certificado de naturalización negativa.
Enseñanza que nos dejó esto... nunca seas más papista que el papa.

Finalmente el 11 de noviembre de 2004, llega la carta del consulado anunciando que Héctor y familia están reconocidos como ciudadanos italianos, asentados como ciudadanos en el anagrafe de la ciudad de Concorezzo.


Esta búsqueda de documentación le permitió a Héctor encontrarse con los descendientes de las distintas ramas de la familia, sobre todo porque después de los fallecimientos de los abuelos José y Dominga, las generaciones más nuevas habían perdido el contacto.

Así concluye esta etapa, en la que la legalización de la doble ciudadanía refuerza los vínculos con los ancestros...