miércoles, 22 de abril de 2009

l`Aquila y S. Stefano di Sessanio- Abruzzo

Antes de continuar contándoles la historia de cómo llegamos a hacer el viaje a las raíces, quiero intercalar este comentario sobre un suceso muy actual y trágico.

Todos estarán en conocimiento del terremoto que ocurrió hace pocos días en la región del Abruzzo en Italia.

Invitados por nuestro amigo José María, quien tiene una pequeña y hermosa casa en la montaña, estuvimos allí el fin de semana del 27 y 28 de setiembre de 2008.

Por eso quiero recordar esos días.
Compartir, para que ustedes también aprecien la belleza de la zona, de los pueblitos medievales, de la riqueza de las antigüedades que quizás se han perdido para siempre o serán muy difíciles de recuperar.
Sin mencionar el dolor de las vidas perdidas.
Afortunadamente, en casa de nuestro amigo sólo se desprendió un poco de revoque, pero otros conocidos perdieron todo.

Llegamos a L´Aquila en ómnibus, después de mediodía, desde Roma.
Bajamos en una parada de la ruta y nos esperaba nuestro amigo con el auto para llevarnos hasta su casa, en Vallinsù.
Callecita empinada, sin veredas, apenas el ancho de un auto.
Dos plantas, gruesísimos muros de piedra, enclavada entre otras casas similares.
Por la ventana del cuarto de huéspedes, donde nos habíamos acomodado confortablemente, se veía un paisaje hermosísimo.
El sábado a la tarde pasó entre charlas, recuerdos de la lejana época de estudiantes en Argentina y el relato de nuestra aventura por el sur de Italia matizaron el reencuentro (veníamos de Salerno, Pompeya, Capri, Polícoro y Colobraro, que tendrán dedicada su entrada especial más adelante).
Se unieron para la cena, parte de la familia de José María que vive allí y apenas pasada la medianoche nos fuimos a dormir.

Este es el amanecer del domingo, inusualmente frío para la época, a una semana de comenzado el otoño.
Aquí, otro ángulo del paisaje, ya más avanzada la mañana. Después del desayuno nos fuimos hacia el centro de L´Aquila.

Nuestro excelente guía nos fue llevando por los lugares más relevantes de este pueblo medieval fundado en 1270 por Federico II .

Aquí se ve un sector del centro de la ciudad desde la escalinata de la iglesia y al lado, la fachada de San Bernardino de 1454.

El mausoleo de San Bernardino que se encuentra en la nave derecha, es un "capolavoro" del renacimiento aquilano realizado por Silvestro dell´Aquila en 1489.


Conservé en el recuerdo este hermoso techo de madera de la nave central, su decorado dorado fue diseñado por Ferdinando Mosca y pintado por Girolamo Cenatiempo en 1724 y también se ve el magnífico órgano en el interior de la iglesia.

En la capillas y naves laterales se encuentran esculturas y pinturas de célebres autores aquilanos como la pintura del Ecce Homo que es de Giulio Bedeschini.

En la segunda capilla de la derecha se encuentra la Resurrección, de Andrea della Robbia, una hermosa terracota del cinquecento.

Esta foto a la izquierda nos da un panorama de la nave central y el ábside .

Recordémoslo así y atesoremoslo en nuestros espíritus porque no sé que habrá perdonado el terremoto.



El papa Celestino V, nacido Pietro Morrone, fue un eremita que vivió en las cuevas de los Apeninos. Fundó la orden de los Celestinos y fue consagrado Papa en 1294, sentando su sede en L´Aquila. Al poco tiempo de iniciar su papado las fuerte intrigas del Vaticano hicieron que renunciase a él. Bonifacio VIII, su sucesor se mudó enseguida a Roma y al ver que la gente seguía acudiendo a Celestino, temió un cisma y lo mandó a encarcelar. Sus reliquias están conservadas en la iglesia Santa María de Collemaggio, que había mandado a construir.
El frente es de piedras blancas y rosadas de formas geométricas y el piso de las naves repite los colores del exterior.
El interior muy austero está separado en tres naves por una hilera de columnas que cuando fueron restauradas se revocaron para seguir la forma original. Ultimamente se encontraron, bajo la capa de material, frescos de gran belleza artística que sobrevivieron.
A la derecha se aprecia toda la amplitud de las naves y el hermoso órgano que pende bajo una arcada.
Una serie de nichos en la pared derecha enmarcan tres frescos del siglo XIV-XV, obra de un artista anónimo que narra la vida de la Virgen.
Aquí podemos ver uno de ellos y la crucifixión cercana al transepto.
La basílica se salvó del terremoto de 1703 cuando el techo construído en 1294 soportó los temblores.
Pero esta vez ocurrió la tragedia.
La cúpula se desplomó sobre la tumba de Celestino, que según las noticias de estos días pudo ser rescatado y puesto a salvo.
No sé que habrá sido de los frescos, pero los daños fueron importantísimos.

Nuestra siguiente parada fue en el Forte Spagnolo, construído durante la dominación española en 1534. Es una imponente fortificación rodeada por un foso, que ahora está cubierto de césped, y se accede a través de un puente.
Actualmente es la sede del Museo Nazionale d´Abruzzo, que contiene una sección de Arqueología, una de Arte Moderno y otra de Arte Contemporáneo. Es enorme y nos hubiese llevado mucho tiempo recorrerlo todo, así que fuimos a ver directamente "la estrella" del momento, el esqueleto del Archidiskodon Meridionalis Vestinus (un mamut muy completo) hallado en las cercanías.
Al parecer aquí también hubo daños importantes en las estructuras, las obras de arte han sido transladadas a otros museos y al mamut se le cayó un vértebra que pudo ser reparada.

De allí nos fuimos a la Fontana delle 99 Cannelle. Este número tiene una connotación importante en L´Aquila. Quizá exacerbado por el pensamiento mágico o simplemente como atractivo turístico. La tradición cuenta que hubo 99 castillos diseminados por la zona, cuyos señores se aliaron para fundar la ciudad, que hay 99 iglesias y 99 son las bocas de la fuente, de la que emana agua cuyo origen es desconocido y no es potable.
Cada boca es una máscara de personas o animales, una diferente de otra, colocadas en tres paredes. Se baja desde una escalera de adoquines que conforma el último lado de la plazoleta central de la fuente. El revestimiento está hecho con piedras de formas geométricas en colores blanco y rosado a semejanza de las de la basílica Santa María di Collemaggio.

Allí mismo se encuentra otra maravilla que atrajo nuestra atención. En el muro de la Chiesa de San Vito, hay un curioso reloj de sol. Y sobre la puerta un hermoso fresco de la Madonna y el niño.
Lamentablemente, la fachada ha sufrido importantísimos daños, el techo derrumbado y la parte izquierda del reloj prácticamente ha desaparecido.

Abandonamos el centro histórico después de tomar un café en una confitería muy típica y regresamos a Vallinsù para almorzar.

Luego, nos esperaba la salida hacia la montaña con una sorpresa.
La ruta, confortable. Sin dejar de serla se convirtió en camino sinuoso, de subida pronunciada y curva cerradas, afortunadamente casi sin tránsito.
Una tenue chispita de agua comenzó a caer y el frío era penetrante.
Varios kilómetros contemplando un paisaje bellísimo, una curiosidad excavada en la roca, no sabíamos si era mano del hombre o esas realizaciones asombrosas de la naturaleza, hizo que parásemos para tomar la foto. Vista más de cerca es un nacimiento, aparentemente obra del hombre, el tema es cómo se hizo para pintarlo porque está inaccesible.
Aquí les doy otra idea del camino. En cada giro, en cada túnel, se iba convirtiendo todo en un paisaje medieval y atrapante. Maravillados de pensar que en la antigüedad eso habría sido una trocha, cubierta de nieve gran parte del año, con el ancho de un hombre, su carro y su burro, que bajarían sacrificadamente para llevar al pueblo sus artesanías y traer los insumos para vivir.
Así llegamos a nuestro destino sorpresa: Santo Stefano di Sessanio.
Un pueblito medieval de 120 habitantes a 1250 m de altitud sobre la falda meridional del Gran Sasso. Se le consideró en el medioevo un borgho seguro e inexpugnable y estuvo bajo el dominio de los Medici.
Pastores y trashumantes, en la época florida se convirtieron en el mayor centro productor de la lana "carfagna" que era llevada a Florencia a procesar y luego se exportaba a toda Europa.
Las callecitas peatonales, de adoquinados intrincados, empinadas escaleras, con arcos y arcadas no más anchas que una persona. Huecos, muros salientes y redondeados.


La explicación del por qué esta arquitectura totalmente irregular para nuestros ojos, acostumbrados a la cuadrícula de Buenos Aires y a la planicie pampeana, fue muy simple y sabia.
Es para proteger del viento y la nieve a las personas que debían recorrer el pueblo. Cada curva era un corte que evitaba que las ráfagas de la montaña lo atravesaran limpiamente y así también conservaban el calor de las casas. En todas, ya sea en las ventanas o en el frente, no faltaban geranios y malvones de varios colores.
Esta es la torre llamada Medicea, aunque es del 1300, desde donde se domina el espléndido panorama de la montaña circundante y en el pasado, cumplía la función defensiva.
En unos negocitos muy simpáticos compramos unos recuerdos, unas artesanías en madera llamadas "Scaccia guai", son colgantes para las puertas para espantar la mala suerte, la desgracia.
Graciosas brujitas con escobas, utensilios domésticos en miniatura enhebrados juntos y también unas bolsitas con hierbas silvestres muy perfumadas para colocar entre la ropa.
Quizás sea superficial o esté fuera de lugar este comentario, pero es el último recuerdo agradable que deseo tener, porque la torre no existe más, se derrumbó con el terremoto.

El último punto que tocamos en esta excursión fue después de subir aún más, un lugar en la montaña desde donde tuvimos una extraordinaria y cercana vista del Gran Sasso.
Es el macizo montañoso más alto de los Apeninos con su pico il Corno Grande de 2912 m.
Está dentro del Parco Nazionale del Gran Sasso y Monti della Laga, donde se pueden hacer actividades invernales como ski, trekking, etc.

El atardecer, el frío, la lluvia y la niebla que venía bajando hicieron que retornáramos antes de perder la visibilidad del camino.

Llegamos a Vallinsù para cenar en la casa de nuestro anfitrión y arreglar nuestro equipaje, ya que a la mañana siguiente a primera hora, volvíamos a Roma.

En estas horas José María está en Buenos Aires.
Ha venido para dar un concierto el viernes 24 de abril de 2009 a las 19 horas, en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires.
Como Director Invitado dirigirá a la Orquesta Sinfónica Nacional, con participación del Coro Polifónico Nacional. Ofrecerán la Obertura de la ópera "La scala di seta" de G. Rossini; "Concierto Nº 2 en Mi bemol mayor, K417 para corno y orquesta" de Mozart y "Stabat Mater" de G. Rossini.
Una vez más será profeta en su tierra, ya que su trayectoria internacional es altamente conocida.
En L´Aquila y Pescara ha desarrollado su metier en Música para la Paz como director de orquesta y de coros, que lo llevó por todo el mundo.
Ahora está desempeñándose como director en la mundialmente prestigiosa Accademia Santa Cecilia de Roma.
Quizá tendremos relatos vívidos de la tragedia pasada en L´Aquila. De cómo la gente común está sobrellevando la pérdida de sus pertenencias, sus casas, su historia...
Y de cómo la vida continúa...

martes, 14 de abril de 2009

Roma Città Eterna - último día

Este es nuestro último día completo en Roma. Mañana a las diez dejamos el hotel y nos vamos directo al aeropuerto de Fiumicino.
Hay tanto para ver todavía...
El conserje del hotel nos había marcado en un mapita los puntos que, según él, no debíamos dejar de ver. Muchos los habíamos hecho, nos quedaban varios más que, en tan corto tiempo, serían imposibles hacer.
Entonces, nuestro itinerario de hoy sería hacia el Trastevere.

Comenzamos nuestro recorrido por las conocidas vìa Veneto, vìa del Tritone y vìa del Corso, luego caminando entre callecitas encontramos la iglesia de San Ignacio que originalmente fue el Colegio Romano, escuela de gramática, humanidad y doctrina cristiana, gratuita, de la orden de los jesuitas. Se construyó siguiendo la línea de la iglesia del Gesù en 1626, por sugerencia del papa Gregorio XV al cardenal Ludovisi cuando canonizó a San Ignacio, fundador de la orden.
En la foto de la izquierda se ve el altar de San Luis Gonzaga, en mármoles blanco y verde.

A la derecha, el monumento a Gregorio XV y al cardenal Ludovisi.

Pasamos por Santissima Trinità dei Pellegrini, del siglo XVII. No pudimos entrar, allí se alojaban los peregrinos de todo el mundo que llegaban a Roma. Sobre todo para aquellos que lo hacían en ocasión de los jubileos.

En piazza de la Rotonda descubrimos el Panteón.
Es una obra de ingeniería romana, debida al emperador Adriano que lo proyectó entre 117 y 125 dC para reconstruir el templo de Marco Agrippa (27aC) yerno de Augusto.
En el friso puede leerse:

M.AGRIPPA.L.F.COS.TERTIVM.FECIT

(Marco Agrippa, hijo de Lucio, cónsul por tercera vez,(lo) hizo)


El pórtico tiene 16 columnas de granito, de las cuales 13 son originales.

El artesonado de la cúpula reduce su peso y el alto y el ancho son iguales, 43,3 metros, por lo que se puede inscribir una esfera completa en el espacio interior.

La abertura del centro (óculo) permite la entrada de la luz solar y de la lluvia, que escurre en una rejilla que hay en el piso de mármol, que conserva el diseño romano original.

Según Marguerite Yourcenar en su libro "Memorias de Adriano", éste dijo sobre el Panteón : "...Quise que este santuario de todos los dioses representase el globo terrestre y la esfera celeste, un globo dentro del cual se encierra la semilla del fuego eterno, todo contenido en la cueva esférica"...

Fue convertido en iglesia cristiana en el siglo VII. En los muros hay sepulturas alineadas, entre ellas la del rey Vittorio Emannuelle II y la de su hijo Humberto I y su esposa Margarita.


Fue utilizado en el renacimiento como sede de la Academia de los Virtuosos de Roma, sirviendo como sepulcro de grandes artistas, como Rafael. Su tumba es del 1520, sobre ella está pintada una Madonna de Lorenzetto del 1524.

Estuvo permanentemente en uso, por lo que es el único edificio de la antigüedad en perfecto estado de conservación. Sirvió de modelo para cúpulas de diversas iglesias y se dice que Brunelleschi lo estudió para diseñar la cúpula del duomo de Florencia, punto de partida para la arquitectura renacentista.

Será que la obra de Yourcenar me tocó tanto, que asocio este edificio al personaje y así quedó impreso profundamente en mi espíritu.

Como resistiéndonos a dejar de admirarlo, nos sentamos a tomar un caffè en un bar con mesas colocadas a la vera de la plaza.


A una cuadra de allí está el palacio Madama, actual sede del senado. En ese momento un pelotón de honor aguardaba la salida del féretro de un senador fallecido, que había sido velado con todos los honores del cargo.


Por un estrecho callejón desembocamos en piazza Navona.

Es un óvalo siguiendo el diseño de un circo romano. El Stadium de Domiciano del siglo I. Allí se hacían juegos y carreras de caballos.

Fue mercado hasta que éste se transladó al Mercado dei Fiori y ahora presenta en el área peatonal que la rodea, algún tipo de actividad de día o de noche: artistas callejeros, exposiciones, bares.

En el barroco, bajo el papado de Inocencio X, fue embellecida con sus fuentes, en especial la del centro, la fontana dei Quattro Fiumi de Bernini (1651).

Representa a los cuatro ríos conocidos de la época, el Nilo, el Ganges, el Danubio y el Río de la Plata. Uno de cada continente, representados por gigantes. Del bloque de piedra emergen plantas y animales poderosos: leones, cocodrilos, caballos, como en una naturaleza exuberante y en el centro se erige un obelisco egipcio de la época de Domiciano.

Sobre el lado izquierdo se encuentra la iglesia de Sant´Agnese in Agone de Borromini. Cuentan que la rivalidad entre éste y Bernini fue tal que el escultor hizo que uno de los gigantes de la fuente esté colocado en una postura de defensa y horrorizado, mirando la fachada de la iglesia.

En cada extremo están las fuentes de Nettuno, al norte y la del Moro al sur. Son del escultor Della Porta de 1574 y 1576, respectivamente.



Antes pasamos por el Campo di Fiori, el mercado más pintoresco de Roma. Originalmente fue un prado de flores, de ahí su nombre.

Todavía los puestos estaban abiertos y se podía encontrar toda clase de artículos, desde frutas y verduras, pasando por fiambres, quesos, pescados, ropa, artículos de bazar, lo que se necesite.

Compramos unos higos enormes y una cerezas que parecían ciruelas. Conseguimos una cafetera para dos, tipo expréss (parecida a las volturno que se ven en Buenos Aires). Ésta tenía a la altura de la rosca, dos alitas para apoyar los pocillitos y el café se vertía por dos cañitos de bronce que se abrían desde el centro hacia cada lado. Tuvimos la precaución de comprar los repuestos de la guarnición de goma que con el uso se quiebra, el vapor escapa y no filtra el café.


Continuamos por callecitas típicas, con características más populares, todavía estaban colgadas las banderas del club Roma que había ganado el campeonato el domingo. También se veían balcones con ropa tendida.

Cruzamos por el puente Sisto y en unos minutos estuvimos en la piazza Santa María in Trastevere. Por las noches, alrededor de su fuente, se reunen los jovenes en gran cantidad a pasar el rato. Es una zona de mucho movimiento turístico por los pubs y restoranes.


Allí se encuentra la basílica del mismo nombre.

Es medieval, fue fundada en el siglo III por el papa Calixto I.

En la fachada conserva un mosaico del siglo XIII y en la cúpula del ábside hay mosaicos del siglo XII y XIII mostrando "La Coronación de la Virgen" y más abajo escenas de la "Vida de la Virgen".

El artesonado del techo, en madera, fue restaurado en

1780-90, sigue la línea de Santa María Maggiore. Las columnas que dividen la nave en tres proceden como todo edificio romano de la edad media, de monumentos antiguos.


Desde allí continuamos hacia el Gianicolo.

Es una colina. La mitología romana cuenta que el dios Jano (Giano) la eligió para fundar su ciudad.

Es un gran parque, desde donde se tiene una vista maravillosa de la ciudad.

Se dice que donde se erige el Templete de

San Pietro in Montorio, encargado por los Reyes Católicos a Bramante, bajo la cripta está el sitio del martirio de San Pedro. En la foto Héctor está en la explanada de la iglesia y a sus espaldas se alcanza a ver parte del panorama de la ciudad.

Ya estabamos sobre el mediodía y apretaba el calor. Seguimos un poco más y encontramos este monumento a los Caídos en 1849 y 1870.

Fueron los que cayeron peleando al mando de Garibaldi, contra los franceses de Napoleón III que sitiaron Roma. Y después los que lo hicieron por la reunificación de Italia, al mando otra vez de Garibaldi que había regresado del exilio.

Más adelante está el monumento ecuestre a este héroe de Italia, pero no llegamos hasta allí.

Nuestro objetivo era ver Il Fontanone, del que tanto nos había hablado el

conserje del hotel.

Nuestras provisiones de fruta se habían terminado, este parque es enorme y en subida.

Y lo encontramos ...


La obra arquitectónica en sí es del 1612, ordenada por el papa Paulo V, por eso el nombre de Fontana Paula.

Así se restauró el acueducto Trajano que traía el agua desde el lago Bracciano y abastecía a los molinos de

Roma en la antigüedad.

Los mármoles provienen del templo de Minerva en el foro de Vesta y las columnas de la antigua basílica de San Pedro.

En el centro tres cataratas caen en una enorme pileta de mármol blanco.

En las dos arcadas laterales más bajas, el agua torrencial sale por la boca de dos mascarones.

Se ve arriba el emblema del papa, un dragón dominado por un águila y más abajo el texto:

"PAVLVS QVINTVS PONTIFEX MAXIMVS / AQVAM IN AGRO BRACCIANENSIS / SALVBERRIMIS E FONTIBVS COLLECTAM / VETERIBVS AQVAE ALSIETINAE DVCTIBVS RESTITVTIS / NOVISQVE ADDITIS /

XXXV AB MILLIARIO DVXIT".

En el cual figura un error, ya que dice que restituye el acueducto Alsetino, cuando en realidad se trata del Trajano.

Lo maravilloso de todas estas fuentes grandes y pequeñas, es que se encuentran dispersas por toda la ciudad. Uno las admira como obras de arte decorativo. La belleza, que el talento de los escultores a cual más famosos le han plasmado al mármol , es invalorable. Pero además, son obras utilitarias aún en uso.

Gracias a la ingeniería arquitectónica de los antiguos romanos, los acueductos todavía mantienen su utilidad, llevando el agua a toda Roma, limpia y potable.

El sonido y la frescura invitaban a quedarse pero decidimos, con todo nuestro pesar, regresar.

Ibamos por el viale Trastevere cuando Héctor sucumbió al llamado de una pizzería.

Llena de gente.

Se saca número, se eligen los gustos, el pizzero corta y pesa (las porciones son cuadradas), da un ticket, se paga en la caja y luego se retira la bandeja. Se come de parado aunque hay unas banquetas altas, generalmente ocupadas. Yo, por supuesto, comí un exquisito pescado grillado con ensalada.

Una vez recargadas las baterías, continuamos. Cruzamos otra vez el Tiber por el puente Garibaldi.

Rumbeando por callecitas, algunas ya vistas y reconocidas y otras no, llegamos a la Fontana di Trevi.

Es la parte posterior del palacio Poli y en vez de encontrar un muro liso, aparece este conjunto escultórico impresionante. Hay que bajar unas escalinatas semicirculares, donde la gente se sienta a ver el espectáculo.

Es la culminación del acueducto Virgo, que iba directamente a las Termas de Agripa.

El tema es Neptuno domando a las aguas.

Sobre una carroza de conchas marinas es tirado por dos tritones que guían a los caballos de mar. Se complementa con la estatua de la Abundancia que vierte agua de su copa y Salubridad que sostiene otra de la que bebe una serpiente.

Todo surgiendo entre rocas y aguas circulantes.

La fuente en sí, está rodeada por una pasarela y para acercarse al borde y cumplir con la tradición de arrojar las monedas, hay que abrirse paso

entre la multitud.

Ambos hemos cumplido también con esta tradición, que dice del retorno y de la felicidad que se puede hallar...


La siguiente parada fue piazza Spagna y la escalinata tantas veces vista en los desfiles de moda por televisión.

Turistas y locales sentados, descansando, charlando, haciendo tiempo para un encuentro.

Gritos, risas y murmullos en diferentes idiomas, en la apacible tardecita en el comienzo del verano en Roma.

A los pies, la fontana de la Barcaccia, obra de Bernini (padre) en el siglo XVII.

La poca presión con la que circulaba por ahí el acueducto Virgo, hizo un poco dificultoso para el escultor realizar grandes caídas de agua.

Por lo que se inspiró en una vieja barca abandonada después de una inundación del Tiber.

La decoró con soles y abejas del escudo de la familia del papa Urbano

VIII, quien era el que se la había encargado.

Al fondo la vìa dei Condotti, donde las tiendas y joyerías más lujosas tienen sus locales. En el número 11, vivió Guillermo Marconi, el inventor de la radio.

A la derecha, en el caffè Greco se reunían Stendhal, Goethe, Byron, Listz y Keats que también vivió por allí y su casa fue convertida en museo.


En lo alto de la escalinata está la iglesia de Trinità dei Monti (siglo XVI). Toda el área es de influencia francesa ya que fue donada por el rey de Francia Carlos VIII.

Al frente está ubicado el obelisco Salustiano, el último de los grandes obeliscos del imperio romano, que el papa Pio VI mandó a erigir allí.


Lentamente nos fuimos yendo hacia el hotel.

Ésta, la última noche en Roma, queríamos tener una cena formal para despedirnos.

Héctor quería ir a uno de esos finos restoranes que veíamos sobre la vìa Veneto, con mesas en las veredas.

A los pocos minutos de estar sentados, comenzó a llover.

El toldo nos cubría, pero pronto el aguacero fue más violento y las ráfagas de viento hacían que la lluvia nos salpicara desde los costados.

Con mucha diligencia, el mozo nos mudó y terminamos la cena dentro del local.

Estabamos despidiéndonos de Roma con el ánimo melancólico.

Parecía que ese también era el ánimo de Roma, al despedirse de ese modo de nosotros.


A la mañana siguiente el sol brillaba y hacía un calor pesado. Le pedimos al conserje un taxi, aunque las valijas tenían el mismo peso, nuestras fuerzas no eran capaces de arrastrarlas con tanto vigor como cuando llegamos, a través de esas pocas cuadras que todos estos días habíamos andado y desandado.


En Termini tomamos un tren especial directo a Fiumicino.

Es de uso exclusivo para la gente que va al aeropuerto, sin paradas intermedias.

Hicimos el check-in de inmediato, para desembarazarnos del equipaje y nos fuimos a recorrer el free-shop.

Compramos algunos regalitos para la familia, que se sumaron a los que ya habíamos comprado en las distintas ciudades. Las últimas liras que quedaban fueron para una lata de amaretti di Saronno.

Pronto estuvimos rumbo a Londres, donde hacíamos transbordo. Cruzamos el océano de noche con una fuerte tormenta que nos sacudió un poco.

Los vientos de cola, hicieron que llegaramos adelantados, pero allí estaba parte de la familia esperándonos para llevarnos a casa.


Y así terminó este breve e impensado viaje a Italia.

Podemos decir que es el ... y algo más! del Viaje a las raíces.

Aunque en realidad... éste no es el real viaje a las raíces.

Éste le permitió a Héctor dar el primer paso, como dije antes cuando hablé de Concorezzo.

Fue el viaje del descubrimiento, el exploratorio, el que confirmó que las pistas que tenía en su poder eran correctas.

Que había que seguir investigando en esa dirección.

Y eso lo vamos a conocer en otro post...





























sábado, 4 de abril de 2009

Roma Città Eterna - tercer día

Lunes temprano, 8 de la mañana.
Haciendo la fila para entrar al Museo Vaticano.
La cola daba vuelta la manzana.
(Nos levantabamos a las 6 y media, a las 7 abrían los comedores en los hoteles para desayunar y 7 y media salíamos, así en todo el viaje para aprovechar el escaso tiempo disponible)

Volviendo al Museo, entramos al patio de la piña y nos dejamos llevar por la multitud.
Atravesamos diferentes galerías, museo etrusco, esculturas griegas y romanas, museo egipcio, galería de los mapas y de los candelabros, aposentos, en cada uno de ellos parábamos, mirábamos, queríamos sacar fotos hasta que llegaba una nueva oleada que quería hacer lo mismo, así que nos íbamos hacia otro lado, hasta llegar a...

La Capilla Sixtina, donde no dejaban sacar fotos!

Después de estar un ratito admirando esa maravilla, pintada allí sobre nuestra cabeza, la seguridad nos impelió a retirarnos. Es una capilla minúscula y la oleada volvía a ingresar, empujando, del mismo modo que nosotros lo habíamos hecho con los anteriores.
Comenzamos a salir, ahora por pasillos casi desiertos, donde encontré este vitraux con armario, encargado por el papa Sixto V para la Biblioteca Vaticana.
En el bar antes de salir, almorzamos algo y aproveché para comprar en la librería como souvenir un pequeño desplegable con tarjetas con las diferentes pinturas de la Capilla Sixtina.
Allí se compraban sobres y estampillas y la oficina postal las franqueaba, cosa que parece es muy valorada por los filatelistas.
La e
scalera de salida es una rampa en caracol, en mármoles verdes y bronce. En realidad es doble helicoidal de subida y de bajada, donde las personas no se cruzan en su trayecto, en esos momentos no había gente subiendo ya que la puerta estaba cerrada y se entraba por donde lo habíamos hecho nosotros.

Dimos un vuelta manzana y aparecimos en la plaza de San Pedro.
Ademá
s de maravillarnos con las columnas en hemiciclo, está la fuente de Bernini y el obelisco del siglo I aC que mantraer Calígula desde Heliópolis.
La mitad estaba vallada y ocupada con sillas, al parecer hubo una misa o ceremonia aunque nos dijeron que el papa Juan Pablo II no estaba en Roma sino en Castelgandolfo.
Otra cola bastante larga para entrar a la basílica.

Una vez adentro, a la derecha estaba La Pietà de Miguel Angel, también había que abrirse paso entre la multitud y se encontraba muy alejada de la valla. Es una constante la prohibición de tomar fotos o en el mejor de los casos se puede, pero sin flash.

Lo siguiente fue el altar papal (1592-1605) de la época de Clemente VIII. Construído sobre el cementerio pagano donde estaba la tumba de Pedro, se usaron los mármoles provenientes del foro de Nerva. Está situado en la nave central, justo debajo de la cúpula de Michelangelo.
El baldaquino tiene un dosel de bronce que se apoya sobre
columnas de 14m de alto, realizadas por Bernini. Fue encargado por el papa Urbano VIII en 1624.

En el ábside está el Trono de San Pedro en la Gloria, es una escultura barroca de Bernini de 1666.
Es un conjunto que representa al Espíritu Santo como paloma rodeado de ángeles y nubes, iluminado por la luz natural que estratégicamente entra por el vitraux.

Continuamos viendo monumentos y mausoleos de diferentes papas y admirando las riquezas artísticas. Cada cual les atribuirá el valor religioso de acuerdo a su fe. Por lo tanto toda descripción que les dé, es enciclopédica y la pueden encontrar en cualquier lado. A mí me impactó desde la faz artística, desde el talento de los escultores y pintores, no desde lo religioso.

Luego bajamos a las Grutas Vaticanas, donde están las tumbas de todos los papas.
Desde las m
ás antiguas con capillas y grupos escultóricos decorándolas, por ejemplo la de Pío XI, hasta la más austeras como la de Paulo VI.

Al salir, insistí en subir al mirador de la cúpula.
Otra vez una larga cola para subir en ascensor al primer tramo. Se desembocaba a una galería que rodeaba la nave central y se apreciaba más de cerca la decoración de la cúpula.
Advertían a los que quisieran seguir, que eran 362 escalones y a las personas
con problemas cardíacos o hipertensas, les aconsejaban no subir. Con muy buen tino, Héctor decidió quedarse y sacó esta foto de la cúpula, 132,5m de alto, proyectada por Michelangelo y terminada después de su muerte (1593).
Yo subí. Detrás de mí
una marea humana. Para evitar arrepentimientos, la escalera era en caracol de una sola vía. A medida que ascendíamos, se iba estrechando, inclinando los escalones, el techo aplastándose y las paredes curvándose sobre nosotros. Seguía la línea abovedada de la cúpula. Afortunadamente, cada tanto había unas ventanitas con un alféizar ancho donde apoyarse y tomar aire. Algunos recodos permitían aplastarse contra la pared, recuperar la respiración y el ritmo cardíaco y dejar seguir a los más ágiles. Al fin, llegué.
El magnífico panorama bien valió la pena.


Les dejo las fotos, la primera la sacó una
desconocida, audaz como yo, donde se aprecian las estatuas sobre el frente de la basílica, las columnatas, cada una rematadas por estatuas también y la plaza completa. Continúa más adelante la vìa della Conciliazione, que une San Pedro al Castel Sant´Angelo y el puente Sant´Angelo se divisa al fondo sobre el Tíber, además de todo el panorama de Roma.
Por el otro lado, los hermosos y bien cuidados Jardines Vaticanos.

Al bajar, me desencontré con Héctor e hice movilizar a la seguridad. Me llevaron otra vez hasta el punto intermedio donde lo había dejado, buscamos infructuosamente.
Secas órdenes por los walkie talkie y a la salida...
Al ratito, nos encontramos en las escalinatas de la basílica.

Abandonamos la plaza por la vìa della Conciliazione camino a Sant´Angelo.
El castel fue construído por Adriano en 139 dC, para ser conve
rtido en mausoleo suyo y de su familia. Luego fue un fuerte y aposentos papales, hoy es museo. El puente también diseñado por Adriano en sus orígenes, era el acceso de los peregrinos a San Pedro. En 1669, Clemente IX encomendó a Bernini instalar los ángeles que lo decoran.

Lo cruzamos y volviendo hacia el centro,caminando unas cuadras por el Lungotevere y por otras callecitas, encontramos el corso Vittorio Emannuelle II, una avenida importante que desemboca en el conocido monumento.
Lo bueno de salir
un poco a la deriva, sin fijarse mucho en los mapas, es que de repente uno se encuentra con sorpresas inesperadas.
Como la iglesia de Sant´Andrea della Valle en piazza Vidoni. Su construcción fue iniciada a fines del siglo XVI, allí están los restos de Pío II y de Pío III. Tiene la segunda cúpula más importante después de San Pedro. Éste es el ábside y el altar mayor.


O como el Area Sacra del Largo di Torre
Argentina. Son las ruinas de cuatro templos de la época de la República y las ruinas del teatro de Pompeyo, cuentan que a pocos pasos de allí, asesinaron a Julio César.
Lo curioso de este lugar es que se ha convertido en un santuario para gatos abandonados, así que se
pueden ver, saltando y jugando entre las columnas y pedestales a los pequeñitos y a los grandes, estirados al sol sobres los mármoles del siglo III a.C. Entre la 4 y 5 de la tarde, hay voluntarios que los alimentan.
Iba cayendo la tarde y el cielo estaba encapotado.
Seguíamos caminando
, rodeamos los Foros Imperiales y tomamos por Vìa Cavour, medio perdidos, porque no la encontrábamos a la vista, después de preguntar un poco nos metimos por una puertita destruída y subimos por una escalera peor aún. Salimos a una plazoleta, era como un patio interno. Allí estaba San Pietro in Vincoli.
Qué tiene de particular?...
Allí se
encuentra la tumba del papa Julio II con la magnífica estatua del Moisés de Michelangelo.
Estaba en proceso de restauración, cubierta a medias por andamios y lonas y una valla que no permitía acercarse demasiado. Un láser apuntaba directamente al Moisés. Totalmente a oscuras, se usó flash, pensé que había quedado fuera del cuadro, pero quedé en primer plano como un fantasma. Es la única que se pudo tomar.
Esta iglesia fue fundada por León I en el siglo IV, para guardar en una urna las cadenas que, dicen, fueron las que le habían puesto a San Pedro cuando lo encarcelaron. Se encuentran en la cripta bajo el altar mayor.

Retomando vìa Cavour, unas pocas cuadras más adelante se encuentra la basílica de Santa María Maggiore. Cuenta la leyenda que la figura de la basílica se dibujó en el suelo después de una nevada, p
or eso fue consagrada a Santa María de las Nieves.
Es una de las basílicas más antiguas, construída sobre el templo a Cibeles, diosa pagana que representaba a la Madre Tierra o Gran Madre romana.
Se dice también que el artesonado del techo está hecho con el oro traído de
América.
Las capillas laterales gemelas guardan las tumbas de los papas Sixto V y San Pío V, en la Sixtina y las de los papas Paul
o V y Clemente VIII, en la Paulina o capilla Borghese, donde también esta la tumba de Paulina Bonaparte, hermana de Napoleón.
En la cripta de Belén hay una reliquia que,
se cree, pertenece a la cuna de la natividad de Jesús. La tumba de San Jerónimo, uno de los padres de la iglesia y traductor de la biblia al latín (la Vulgata), está aquí.
Al frente en la plaza se erige la columna traída de la basílica de Constantino en los foros. Culmina en una estatua de bronce de la Virgen y el Niño, que conmemora un ícono milagroso de más de mil años de antigüedad, que salvó a la ciudad de la peste y se encuentra en la capilla Paulina.

Comenzó a llover, la estación Termini que era el punto referencial para volver al hotel, quedaba a pocas cuadras. Hasta allí llegamos y de ahí al hotel. Nos cambiamos y salimos a cenar, nuestras costumbres porteñas nos impedían recordar que cenan más temprano. Encontramos una trattoria cerca, en una callecita lateral que estaba todavía abierta. No nos gustó el aspecto y decidimos seguir a ver si encontrábamos algo más lindo.
Y como todas las cosas inesperadas, sin querer aparecimos en la Fontana di Trevi, totalmente iluminada aunque ya con pocos turistas alrededor. Seguimos un poco más y estábamos en Piazza Spagna. Ya no llovía. Una multitud de gente joven sentada en las escaleras. Nos quedamos un rato observándolos, nos comimos un helado, regresamos al hotel y así terminó nuestro tercer día en Roma...