sábado, 4 de abril de 2009

Roma Città Eterna - tercer día

Lunes temprano, 8 de la mañana.
Haciendo la fila para entrar al Museo Vaticano.
La cola daba vuelta la manzana.
(Nos levantabamos a las 6 y media, a las 7 abrían los comedores en los hoteles para desayunar y 7 y media salíamos, así en todo el viaje para aprovechar el escaso tiempo disponible)

Volviendo al Museo, entramos al patio de la piña y nos dejamos llevar por la multitud.
Atravesamos diferentes galerías, museo etrusco, esculturas griegas y romanas, museo egipcio, galería de los mapas y de los candelabros, aposentos, en cada uno de ellos parábamos, mirábamos, queríamos sacar fotos hasta que llegaba una nueva oleada que quería hacer lo mismo, así que nos íbamos hacia otro lado, hasta llegar a...

La Capilla Sixtina, donde no dejaban sacar fotos!

Después de estar un ratito admirando esa maravilla, pintada allí sobre nuestra cabeza, la seguridad nos impelió a retirarnos. Es una capilla minúscula y la oleada volvía a ingresar, empujando, del mismo modo que nosotros lo habíamos hecho con los anteriores.
Comenzamos a salir, ahora por pasillos casi desiertos, donde encontré este vitraux con armario, encargado por el papa Sixto V para la Biblioteca Vaticana.
En el bar antes de salir, almorzamos algo y aproveché para comprar en la librería como souvenir un pequeño desplegable con tarjetas con las diferentes pinturas de la Capilla Sixtina.
Allí se compraban sobres y estampillas y la oficina postal las franqueaba, cosa que parece es muy valorada por los filatelistas.
La e
scalera de salida es una rampa en caracol, en mármoles verdes y bronce. En realidad es doble helicoidal de subida y de bajada, donde las personas no se cruzan en su trayecto, en esos momentos no había gente subiendo ya que la puerta estaba cerrada y se entraba por donde lo habíamos hecho nosotros.

Dimos un vuelta manzana y aparecimos en la plaza de San Pedro.
Ademá
s de maravillarnos con las columnas en hemiciclo, está la fuente de Bernini y el obelisco del siglo I aC que mantraer Calígula desde Heliópolis.
La mitad estaba vallada y ocupada con sillas, al parecer hubo una misa o ceremonia aunque nos dijeron que el papa Juan Pablo II no estaba en Roma sino en Castelgandolfo.
Otra cola bastante larga para entrar a la basílica.

Una vez adentro, a la derecha estaba La Pietà de Miguel Angel, también había que abrirse paso entre la multitud y se encontraba muy alejada de la valla. Es una constante la prohibición de tomar fotos o en el mejor de los casos se puede, pero sin flash.

Lo siguiente fue el altar papal (1592-1605) de la época de Clemente VIII. Construído sobre el cementerio pagano donde estaba la tumba de Pedro, se usaron los mármoles provenientes del foro de Nerva. Está situado en la nave central, justo debajo de la cúpula de Michelangelo.
El baldaquino tiene un dosel de bronce que se apoya sobre
columnas de 14m de alto, realizadas por Bernini. Fue encargado por el papa Urbano VIII en 1624.

En el ábside está el Trono de San Pedro en la Gloria, es una escultura barroca de Bernini de 1666.
Es un conjunto que representa al Espíritu Santo como paloma rodeado de ángeles y nubes, iluminado por la luz natural que estratégicamente entra por el vitraux.

Continuamos viendo monumentos y mausoleos de diferentes papas y admirando las riquezas artísticas. Cada cual les atribuirá el valor religioso de acuerdo a su fe. Por lo tanto toda descripción que les dé, es enciclopédica y la pueden encontrar en cualquier lado. A mí me impactó desde la faz artística, desde el talento de los escultores y pintores, no desde lo religioso.

Luego bajamos a las Grutas Vaticanas, donde están las tumbas de todos los papas.
Desde las m
ás antiguas con capillas y grupos escultóricos decorándolas, por ejemplo la de Pío XI, hasta la más austeras como la de Paulo VI.

Al salir, insistí en subir al mirador de la cúpula.
Otra vez una larga cola para subir en ascensor al primer tramo. Se desembocaba a una galería que rodeaba la nave central y se apreciaba más de cerca la decoración de la cúpula.
Advertían a los que quisieran seguir, que eran 362 escalones y a las personas
con problemas cardíacos o hipertensas, les aconsejaban no subir. Con muy buen tino, Héctor decidió quedarse y sacó esta foto de la cúpula, 132,5m de alto, proyectada por Michelangelo y terminada después de su muerte (1593).
Yo subí. Detrás de mí
una marea humana. Para evitar arrepentimientos, la escalera era en caracol de una sola vía. A medida que ascendíamos, se iba estrechando, inclinando los escalones, el techo aplastándose y las paredes curvándose sobre nosotros. Seguía la línea abovedada de la cúpula. Afortunadamente, cada tanto había unas ventanitas con un alféizar ancho donde apoyarse y tomar aire. Algunos recodos permitían aplastarse contra la pared, recuperar la respiración y el ritmo cardíaco y dejar seguir a los más ágiles. Al fin, llegué.
El magnífico panorama bien valió la pena.


Les dejo las fotos, la primera la sacó una
desconocida, audaz como yo, donde se aprecian las estatuas sobre el frente de la basílica, las columnatas, cada una rematadas por estatuas también y la plaza completa. Continúa más adelante la vìa della Conciliazione, que une San Pedro al Castel Sant´Angelo y el puente Sant´Angelo se divisa al fondo sobre el Tíber, además de todo el panorama de Roma.
Por el otro lado, los hermosos y bien cuidados Jardines Vaticanos.

Al bajar, me desencontré con Héctor e hice movilizar a la seguridad. Me llevaron otra vez hasta el punto intermedio donde lo había dejado, buscamos infructuosamente.
Secas órdenes por los walkie talkie y a la salida...
Al ratito, nos encontramos en las escalinatas de la basílica.

Abandonamos la plaza por la vìa della Conciliazione camino a Sant´Angelo.
El castel fue construído por Adriano en 139 dC, para ser conve
rtido en mausoleo suyo y de su familia. Luego fue un fuerte y aposentos papales, hoy es museo. El puente también diseñado por Adriano en sus orígenes, era el acceso de los peregrinos a San Pedro. En 1669, Clemente IX encomendó a Bernini instalar los ángeles que lo decoran.

Lo cruzamos y volviendo hacia el centro,caminando unas cuadras por el Lungotevere y por otras callecitas, encontramos el corso Vittorio Emannuelle II, una avenida importante que desemboca en el conocido monumento.
Lo bueno de salir
un poco a la deriva, sin fijarse mucho en los mapas, es que de repente uno se encuentra con sorpresas inesperadas.
Como la iglesia de Sant´Andrea della Valle en piazza Vidoni. Su construcción fue iniciada a fines del siglo XVI, allí están los restos de Pío II y de Pío III. Tiene la segunda cúpula más importante después de San Pedro. Éste es el ábside y el altar mayor.


O como el Area Sacra del Largo di Torre
Argentina. Son las ruinas de cuatro templos de la época de la República y las ruinas del teatro de Pompeyo, cuentan que a pocos pasos de allí, asesinaron a Julio César.
Lo curioso de este lugar es que se ha convertido en un santuario para gatos abandonados, así que se
pueden ver, saltando y jugando entre las columnas y pedestales a los pequeñitos y a los grandes, estirados al sol sobres los mármoles del siglo III a.C. Entre la 4 y 5 de la tarde, hay voluntarios que los alimentan.
Iba cayendo la tarde y el cielo estaba encapotado.
Seguíamos caminando
, rodeamos los Foros Imperiales y tomamos por Vìa Cavour, medio perdidos, porque no la encontrábamos a la vista, después de preguntar un poco nos metimos por una puertita destruída y subimos por una escalera peor aún. Salimos a una plazoleta, era como un patio interno. Allí estaba San Pietro in Vincoli.
Qué tiene de particular?...
Allí se
encuentra la tumba del papa Julio II con la magnífica estatua del Moisés de Michelangelo.
Estaba en proceso de restauración, cubierta a medias por andamios y lonas y una valla que no permitía acercarse demasiado. Un láser apuntaba directamente al Moisés. Totalmente a oscuras, se usó flash, pensé que había quedado fuera del cuadro, pero quedé en primer plano como un fantasma. Es la única que se pudo tomar.
Esta iglesia fue fundada por León I en el siglo IV, para guardar en una urna las cadenas que, dicen, fueron las que le habían puesto a San Pedro cuando lo encarcelaron. Se encuentran en la cripta bajo el altar mayor.

Retomando vìa Cavour, unas pocas cuadras más adelante se encuentra la basílica de Santa María Maggiore. Cuenta la leyenda que la figura de la basílica se dibujó en el suelo después de una nevada, p
or eso fue consagrada a Santa María de las Nieves.
Es una de las basílicas más antiguas, construída sobre el templo a Cibeles, diosa pagana que representaba a la Madre Tierra o Gran Madre romana.
Se dice también que el artesonado del techo está hecho con el oro traído de
América.
Las capillas laterales gemelas guardan las tumbas de los papas Sixto V y San Pío V, en la Sixtina y las de los papas Paul
o V y Clemente VIII, en la Paulina o capilla Borghese, donde también esta la tumba de Paulina Bonaparte, hermana de Napoleón.
En la cripta de Belén hay una reliquia que,
se cree, pertenece a la cuna de la natividad de Jesús. La tumba de San Jerónimo, uno de los padres de la iglesia y traductor de la biblia al latín (la Vulgata), está aquí.
Al frente en la plaza se erige la columna traída de la basílica de Constantino en los foros. Culmina en una estatua de bronce de la Virgen y el Niño, que conmemora un ícono milagroso de más de mil años de antigüedad, que salvó a la ciudad de la peste y se encuentra en la capilla Paulina.

Comenzó a llover, la estación Termini que era el punto referencial para volver al hotel, quedaba a pocas cuadras. Hasta allí llegamos y de ahí al hotel. Nos cambiamos y salimos a cenar, nuestras costumbres porteñas nos impedían recordar que cenan más temprano. Encontramos una trattoria cerca, en una callecita lateral que estaba todavía abierta. No nos gustó el aspecto y decidimos seguir a ver si encontrábamos algo más lindo.
Y como todas las cosas inesperadas, sin querer aparecimos en la Fontana di Trevi, totalmente iluminada aunque ya con pocos turistas alrededor. Seguimos un poco más y estábamos en Piazza Spagna. Ya no llovía. Una multitud de gente joven sentada en las escaleras. Nos quedamos un rato observándolos, nos comimos un helado, regresamos al hotel y así terminó nuestro tercer día en Roma...






















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