De acuerdo a nuestro mapa, el hotel no estaba a más de seis o siete cuadras, el día estaba hermoso y Roma se presentaba invitante ante nuestros ojos, así que caminamos. Eso sí, no fue fácil arrastrando dos valijas con rueditas, pero llegamos.
Debimos recorrer Vìa Veneto, aquella famosa calle que en los años 50 era el centro de "la DolceVita", donde la gente linda se sentaba en los cafés a mostrarse, con la esperanza de ser descubierta por algún director de Cinecittà. Continúan los caffè y restaurantes, que ahora frecuentan los turistas de los hoteles cinco estrellas de la zona y se han establecido locales de venta de ropa y joyas de las marcas más renombradas. Pasamos por delante de lo que era el antiguo palacio Margherita, donde vivió la reina después que el rey Umberto I fuera asesinado, actualmente es la sede de la embajada norteamericana.
El hotel quedaba a media cuadra de vìa Veneto (chiquito, no de cinco estrellas) sobre la vìa Sicilia y a una de los Muros Aurelianos y la Porta Pinciana, que fueron construídos por Marco Aurelio en el 271 dC, para proteger a Roma de los bárbaros que ya la venían asolando.
Una vez que dejamos el equipaje, salimos de inmediato a conocer. Desandamos el trayecto qu
e habíamos hecho al llegar y nos encontramos con La Exedra, ahora Piazza de la Repubblica, espacio central donde estaban las Termas de Dioclesiano y que tiene una hermosa fuente, "Las Náyades" de mármol y bronce. Para dotar de mayor cantidad de agua a la ciudad, el papa Pio IX ordenó reconstruir el acueducto Marcio y luego se colocó la fuente con cuatro figuras femeninas sobre animales acuáticos, representando la ninfa del lago sobre un cisne, la del río sobre un monstruo fluvial, la del océan
o sobre un caballo salvaje (símbolo del mar) y la de las aguas subterráneas sobre un dragón. Corona todo un glauco de 5 metros de altura sosteniendo en sus brazos un delfín, que suelta un gran chorro de agua. Simboliza al hombre dominando la naturaleza. Primero habían puesto un conjunto de tres tritones, un delfín y un gran pulpo, que a nadie gustó y denominaron "frito mixto".La próxima fuente que vimos a pocas cuadras de allí fue la del Tritón, obra de Bernini, en Piazza Barberini.

Luego nos dirigimos hacia el monumento al rey de la Italia unificada, Vittorio Emanuelle II; deslumbrantemente blanco. Los romanos, otra vez con su habilidad para poner motes a lo que no les gusta, lo llaman la máquina de escribir por su estructura.
Por detrás está la Piazza del Campidoglio, allí se encuentra el Palazzo Senatorio, cuya fachada, el pavimento geométrico y la escalinata fueron diseñados por Miguel Angel (1536). Er

a el sitio donde se reunía hasta el siglo XII el Senado y ahora son las oficinas de la Comuna (municipalidad) de Roma. Al culminar la "Cordonata" o escalinata a ambos lados se ven las estatuas de Cástor y Polux y en el medio de la plaza la copia de la estatua ecuestre de Marco Aurelio.
Y ahora sí, hacia el Foro Romano.
Aquí el Arco de Settimio Severo (203 dC) construído para conmemorar su victoria sobre los Partos. En esta foto se ve a la derecha los restos de la basílica Giulia y la columna de Foca; bajo el arco, la Vía Sacra por donde desfilaban los centuriones que volvían triunfantes de sus campañas.
Uno de los edificios más completos
de esta zona es el mercado de Trajano, donde se albergaban las tiendas que vendían comestibles, aceite, vino y sedas y también
se guardaban las reservas de trigo que se repartían gratuitamente a cada romano. Está muy bien conservada la columna de Trajano, con relieves en espiral que narran episodios de la guerra contra los Dacios (101-106 dC), coronada con una estatua de San Pedro del año 1587, que reemplazó a la original del emperador.Y nosotros también desfilamos por la vìa Sacra, admirando escalinatas, columnas, mu
ros y pórticos de lo que fue el centro neurálgico de la antigüedad. Imaginando la magnificencia de esos edificios como el Templo de Saturno, de Vesta y de las Vestales, de Cástor y Pólux, el Arco de Tito hasta el Palatino, donde se encuentra el Domus Augustana, que era la residencia privada de los emperadores. La altura de los muros y de las bóvedas transmiten una sensación de grandeza incomparable (miren la altura de la edificación comparada con Héctor)Y ahora, el objetivo principal por el cual estábamos en Roma: El Coliseo.
527m de circunferencia y 57m de altura, 80 puertas en forma de arco que permitían el a
cceso de 55.000 personas, todo revestido de mármol travertino que fue removido para construir palacios, puentes y partes de la basílica de San Pedro.Pocos días antes, habían inaugurado una pasarela que atravesaba lo que había sido el foso y se podían ver los diferentes niveles de construcción; debajo de la arena, los pasadizos por donde enviaban los animales y los gladiadores. Hacia arriba, los distintos pisos
de la tribunas y el que supuestamente fue el palco del emperador.En esta foto pueden ver a Héctor haciendo la señal del emperador cuando ordenaba q
ue no se perdonara la vida del luchador.A modo de broma siempre dijo que cuando llegara al Coliseo pondría los pulgares hacia abajo para sentirse un poco emperador y aquí está, cumpliendo
su fantasía.Saliendo a un costado se encuentra el Arco de Constantino, sobre la vìa de San Gregorio. En ese momento estaba clausurado el paso de los autos por debajo del arco debido a que la trepidación lo estaba agrietando.
Una mini - excursión
En nuestro segundo día, domingo, decidimos ir hasta Nápoles; nuestro amigo el tren nos llevó en poco más de dos horas.
Nos dijeron que ya era tarde para hacer el Circumvesuviano, que es el circuito que va a Pompeya y hasta el mismo Vesuvio (idea que, en principio, era la que nos había llevado hasta allí) por lo que nos fuimos caminando por la vìa Marina Nuova y encon
tramos que en la plaza del mercado estaban todavía los puesteros con sus mercancías: toda una gama de pescados y mariscos, pulpos vivos en baldes, frutas y verduras, pastas, embutidos, ropa nueva y usada, todo voceado a los gritos y en un dialecto incomprensible.Seguimos adelante y a la altura de la estación marítima, donde estaban amarrados unos gigantescos transatlánticos (de los que hacen los cruceros por el Mediterráneo), en una gran explanada encontramos el Castel Nuovo, es un fuerte de los años 1279 -1282, construído por los Anjou y luego reconstruído por los aragoneses, cuya dinastía había conquistado el sur de Italia. El hermoso arco de la entrada se erig
ió para festejar la entrada triunfal a la ciudad de Alfonso I de Aragón en 1443.Un vendedor ambulante nos refrescó el mediodía y probamos la granita, típica de Nápoles, que es hielo finamente granizado y saborizado con jugo natural de frutas.
Cruzando la vìa Verdi vimos la G
alería Humberto I, con su techo vidriado, muy similar pero más chica qu
e la de Milán, y a un costado el Teatro di San Carlo. Aprovechamos que estaba por comenzar una visita guiada y lo recorrimos por todo su interior. Declarado Patrimonio de la Humanidad, es el teatro de ópera más antiguo en actividad. Fue construído en 1737 por orden de Carlos III de España, rey de Nápoles y Sicilia. A espaldas de Héctor se ve el palco real con capacidad para 10 personas. La decoración es en dorado sobre granate y las butacas de la platea están tapizadas en terciopelo del mismo color.Charlando con el guía, le preguntamos desde dónde tendríamos una buena vista de la bahía y si se vería el volcán. Nos indicó que subieramos con el funicular hasta Castel Sant´Elmo
, un fuerte del 1329, desde donde se domina toda la ciudad, la bahía y el Vesubio.Fue cárcel y ahora, todo restaurado, es parte del complejo del museo San Martino. Con gran sorpresa encontramos una exposición mundial de comics, donde en un lugar destacado estaban Quino, con su Mafalda y Héctor Trillo, el de "el Loco Chávez" que aparecía en el diario Clarín de Buenos Aires. Aquí les dejo la foto donde se puede ver la magnífica vista del golfo de Nápoles, parte de la ciudad y el Vesubio al fondo con su eterna fumarola.
Regresamos ce
rca de las 10 de la noche a Roma. Mientras cenábamos en uno de los pocos restoranes abiertos (cierran a más tardar a las 11, no hay vida nocturna), comenzaron a pasar caravanas de autos con banderas, a los bocinazos al mejor estilo argentino: el club Roma había ganado el campeonato de fútbol.Volviendo al hotel nos encontramos con un grupo muy enfervorizado, Héctor nombró a Batistuta, que estaba jugando en ese club, entonces le prestaron la bandera y sacamos la foto...("pinta tu aldea y pintarás al mundo"...)
Nos quedaban dos días más en Roma y realmente fueron intensos, serán para la próxima entrada...

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