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El tren, que hemos adoptado como nuestro medio de transporte favorito, nos dejó en la estación Roma Termini.
De acuerdo a nuestro mapa, el hotel no estaba a más de seis o siete cuadras, el día estaba hermoso y Roma se presentaba invitante ante nuestros ojos, así que caminamos. Eso sí, no fue fácil arrastrando dos valijas con rueditas, pero llegamos.Debimos recorrer Vìa Veneto, aquella famosa calle que en los años 50 era el centro de "la DolceVita", donde la gente linda se sentaba en los cafés a mostrarse, con la esperanza de ser descubierta por algún director de Cinecittà. Continúan los caffè y restaurantes, que ahora frecuentan los turistas de los hoteles cinco estrellas de la zona y se han establecido locales de venta de ropa y joyas de las marcas más renombradas. Pasamos por delante de lo que era el antiguo palacio Margherita, donde vivió la reina después que el rey Umberto I fuera asesinado, actualmente es la sede de la embajada norteamericana.El hotel quedaba a media cuadra de vìa Veneto (chiquito, no de cinco estrellas) sobre la vìa Sicilia y a una de los Muros Aurelianos y la Porta Pinciana, que fueron construídos por Marco Aurelio en el 271 dC, para proteger a Roma de los bárbaros que ya la venían asolando.Una vez que dejamos el equipaje, salimos de inmediato a conocer. Desandamos el trayecto qu
e habíamos hecho al llegar y nos encontramos con La Exedra, ahora Piazza de la Repubblica, espacio central donde estaban las Termas de Dioclesiano y que tiene una hermosa fuente, "Las Náyades" de mármol y bronce. Para dotar de mayor cantidad de agua a la ciudad, el papa Pio IX ordenó reconstruir el acueducto Marcio y luego se colocó la fuente con cuatro figuras femeninas sobre animales acuáticos, representando la ninfa del lago sobre un cisne, la del río sobre un monstruo fluvial, la del océan
o sobre un caballo salvaje (símbolo del mar) y la de las aguas subterráneas sobre un dragón. Corona todo un glauco de 5 metros de altura sosteniendo en sus brazos un delfín, que suelta un gran chorro de agua. Simboliza al hombre dominando la naturaleza. Primero habían puesto un conjunto de tres tritones, un delfín y un gran pulpo, que a nadie gustó y denominaron "frito mixto".La próxima fuente que vimos a pocas cuadras de allí fue la del Tritón, obra de Bernini, en Piazza Barberini.
Luego nos dirigimos hacia el monumento al rey de la Italia unificada, Vittorio Emanuelle II; deslumbrantemente blanco. Los romanos, otra vez con su habilidad para poner motes a lo que no les gusta, lo llaman la máquina de escribir por su estructura.
Por detrás está la Piazza del Campidoglio, allí se encuentra el Palazzo Senatorio, cuya fachada, el pavimento geométrico y la escalinata fueron diseñados por Miguel Angel (1536). Er
a el sitio donde se reunía hasta el siglo XII el Senado y ahora son las oficinas de la Comuna (municipalidad) de Roma. Al culminar la "Cordonata" o escalinata a ambos lados se ven las estatuas de Cástor y Polux y en el medio de la plaza la copia de la estatua ecuestre de Marco Aurelio.
Y ahora sí, hacia el Foro Romano.Aquí el Arco de Settimio Severo (203 dC) construído para conmemorar su victoria sobre los Partos. En esta foto se ve a la derecha los restos de la basílica Giulia y la columna de Foca; bajo el arco, la Vía Sacra por donde desfilaban los centuriones que volvían triunfantes de sus campañas.Uno de los edificios más completos
de esta zona es el mercado de Trajano, donde se albergaban las tiendas que vendían comestibles, aceite, vino y sedas y también
se guardaban las reservas de trigo que se repartían gratuitamente a cada romano. Está muy bien conservada la columna de Trajano, con relieves en espiral que narran episodios de la guerra contra los Dacios (101-106 dC), coronada con una estatua de San Pedro del año 1587, que reemplazó a la original del emperador.Y nosotros también desfilamos por la vìa Sacra, admirando escalinatas, columnas, mu
ros y pórticos de lo que fue el centro neurálgico de la antigüedad. Imaginando la magnificencia de esos edificios como el Templo de Saturno, de Vesta y de las Vestales, de Cástor y Pólux, el Arco de Tito hasta el Palatino, donde se encuentra el Domus Augustana, que era la residencia privada de los emperadores. La altura de los muros y de las bóvedas transmiten una sensación de grandeza incomparable (miren la altura de la edificación comparada con Héctor)Y ahora, el objetivo principal por el cual estábamos en Roma: El Coliseo.
527m de circunferencia y 57m de altura, 80 puertas en forma de arco que permitían el a
cceso de 55.000 personas, todo revestido de mármol travertino que fue removido para construir palacios, puentes y partes de la basílica de San Pedro.Pocos días antes, habían inaugurado una pasarela que atravesaba lo que había sido el foso y se podían ver los diferentes niveles de construcción; debajo de la arena, los pasadizos por donde enviaban los animales y los gladiadores. Hacia arriba, los distintos pisos
de la tribunas y el que supuestamente fue el palco del emperador.En esta foto pueden ver a Héctor haciendo la señal del emperador cuando ordenaba q
ue no se perdonara la vida del luchador.A modo de broma siempre dijo que cuando llegara al Coliseo pondría los pulgares hacia abajo para sentirse un poco emperador y aquí está, cumpliendo
su fantasía.
Saliendo a un costado se encuentra el Arco de Constantino, sobre la vìa de San Gregorio. En ese momento estaba clausurado el paso de los autos por debajo del arco debido a que la trepidación lo estaba agrietando.
Una mini - excursión
En nuestro segundo día, domingo, decidimos ir hasta Nápoles; nuestro amigo el tren nos llevó en poco más de dos horas.
Nos dijeron que ya era tarde para hacer el Circumvesuviano, que es el circuito que va a Pompeya y hasta el mismo Vesuvio (idea que, en principio, era la que nos había llevado hasta allí) por lo que nos fuimos caminando por la vìa Marina Nuova y encon
tramos que en la plaza del mercado estaban todavía los puesteros con sus mercancías: toda una gama de pescados y mariscos, pulpos vivos en baldes, frutas y verduras, pastas, embutidos, ropa nueva y usada, todo voceado a los gritos y en un dialecto incomprensible.
Seguimos adelante y a la altura de la estación marítima, donde estaban amarrados unos gigantescos transatlánticos (de los que hacen los cruceros por el Mediterráneo), en una gran explanada encontramos el Castel Nuovo, es un fuerte de los años 1279 -1282, construído por los Anjou y luego reconstruído por los aragoneses, cuya dinastía había conquistado el sur de Italia. El hermoso arco de la entrada se erig
ió para festejar la entrada triunfal a la ciudad de Alfonso I de Aragón en 1443.
Un vendedor ambulante nos refrescó el mediodía y probamos la granita, típica de Nápoles, que es hielo finamente granizado y saborizado con jugo natural de frutas.Cruzando la vìa Verdi vimos la G
alería Humberto I, con su techo vidriado, muy similar pero más chica qu
e la de Milán, y a un costado el Teatro di San Carlo. Aprovechamos que estaba por comenzar una visita guiada y lo recorrimos por todo su interior. Declarado Patrimonio de la Humanidad, es el teatro de ópera más antiguo en actividad. Fue construído en 1737 por orden de Carlos III de España, rey de Nápoles y Sicilia. A espaldas de Héctor se ve el palco real con capacidad para 10 personas. La decoración es en dorado sobre granate y las butacas de la platea están tapizadas en terciopelo del mismo color.
Charlando con el guía, le preguntamos desde dónde tendríamos una buena vista de la bahía y si se vería el volcán. Nos indicó que subieramos con el funicular hasta Castel Sant´Elmo
, un fuerte del 1329, desde donde se domina toda la ciudad, la bahía y el Vesubio.Fue cárcel y ahora, todo restaurado, es parte del complejo del museo San Martino. Con gran sorpresa encontramos una exposición mundial de comics, donde en un lugar destacado estaban Quino, con su Mafalda y Héctor Trillo, el de "el Loco Chávez" que aparecía en el diario Clarín de Buenos Aires. Aquí les dejo la foto donde se puede ver la magnífica vista del golfo de Nápoles, parte de la ciudad y el Vesubio al fondo con su eterna fumarola.
Regresamos ce
rca de las 10 de la noche a Roma. Mientras cenábamos en uno de los pocos restoranes abiertos (cierran a más tardar a las 11, no hay vida nocturna), comenzaron a pasar caravanas de autos con banderas, a los bocinazos al mejor estilo argentino: el club Roma había ganado el campeonato de fútbol.
Volviendo al hotel nos encontramos con un grupo muy enfervorizado, Héctor nombró a Batistuta, que estaba jugando en ese club, entonces le prestaron la bandera y sacamos la foto...("pinta tu aldea y pintarás al mundo"...)
Nos quedaban dos días más en Roma y realmente fueron intensos, serán para la próxima entrada...
Partimos rumbo a Florencia en tren.
Como buenos alumnos que somos, aprendimos de nuestros errores y previamente
habíamos reservado los asientos y, además, por un pequeño suplemento viaja
mos en el Eurostar.Me reconcilié con el sistema ferroviario italiano, en dos horas y media estuvimos en la estación Santa María Novella, después de atravesar la ondulada y verde campiña toscana, totalmente cultivada.
Cada ciudad que hemos visitado tiene, para mí, características particulares.Milán es elegante, fría y distante, Venecia es exótica y romántica y la primera impresión que tuve de Florencia fue: refinada y señorial...
Yendo haci
a el Duomo, la primera iglesia que nos deslumbró fue Santa María Novella, queda enfrente de la plaza de la estación, de ahí el nombre de la terminal; su fachada es impactante por el color intenso de los mármoles verdes en contraste con los blancos, fue erigida en 1279 por los dominicos junto con el convento, se terminó en 1360 y la fachada fue diseñada por Alberti en el siglo XV.
Pasamos en diferentes horarios y siempre estaba cerrada, así que nos quedamos con la incógnita de ver qué bellezas ocultaba su interior.Santa Maria dei Fiori (El Duomo de Florencia)
apareció ante nues
tros ojos con todo su esplendor. Con su cúpula imponente, el Battistero y el Campanile rodeándola.
Símbolo de la riqueza y del poder de Florencia durante los siglos XIII y XIV, los mármoles blancos de Carrara, los verdes de Pratto y los rosados, le dan la policromía en la que se puede apreciar la transición del arte florentino medieval al del renacimiento. La cúpula, obra maestra de Brunelleschi y el Campanile, del Giotto, contrastan armoniosamente, equilibrando las curvas de aquella con las rectas de éste.En el interior, los 44 vitrales que representan a santos del antiguo y nuevo testamento, escenas de la vida de Jesús y de María, son la muestra más imponente del arte de la vidriería d
e la Italia de los siglos XIV y XV, con autores como Donatello, Ghiberti, Ucello...Han conspirado en contra de las fotos, nuestra
inexperiencia como fotógrafos, la media luz de la catedral y la prohibición de usar
flash.La cúpula (foto de la derecha) reitera el simbolismo del Battistero con El Juicio Final, fue realizada al fresco por Vasari y Zuccari.
Las puertas d
el Battistero, de construcción románica, son otras maravillas para contemplar por horas; la puerta este, a la que Miguel Angel consideró "La puerta al Paraíso" fue ejecutada por Lorenzo Ghiberti, consta de diez paneles de bronce con escenas del antiguo testamento. La puerta sur es gótica (año1330) del escultor Andrea Pisano.Pero la majestuosidad del Battistero se encuentra en su interior, la decoración de este templo pagano
devenido en iglesia cristiana, auna las distintas culturas medievales; las columnas evocan al
panteón, el piso al mundo islámico, en las paredes formas de ascendencia germana y en los mosaicos de la suntuosa cúpula, la influencia bizantina.En ella está el tema del Juicio Final, a los lados del Cristo en Majestad y en los registros concéntricos que cubren los otros cinco paneles se distinguen partiendo desde la cima: Las Jerarquías Celestiales, El Génesis, La vida de San José, la de la Virgen y la de Jesús.
Las fotos no hacen justicia, mis palabras tampoco, es más, los datos los pueden tener de cualquier enciclopedia o página de internet, pero no puedo dejar de compartir estas bellezas que calaron tan hondo en mi espíritu... Como dice Proust, "El verdadero viaje se hace en la memoria" y aquí estoy, vibrando de emoción al recordar.En el museo del Duomo rescato, de entre tanta maravilla tres obras
magníficas, la Virgen con el Niño, antigua escultura de Arnolfo di Cambio, que estaba colocada en la fachada, ahora al resguardo de la polución;
la Magdalena penitente, obra en madera de Donatello y La Pietà de Miguel Ange
l; es la segunda de las tres que realizó, ésta no la concluyó porque al ver una veta sobre el brazo de Jesús que no le agradaba la quiso destruir a martillazos, fue terminada por su discípulo Tiberio Calcagni y la curiosidad es que la cara del viejo peregrino, es el autoretrato de Miguel Angel.
(Héctor se acercó tanto a la escultura que comenzó a sonar la alarma, inmediatamente, de no sé donde aparecieron varios guardias, por suerte el asunto no tuvo consecuencias)
Caminamos por calles que son la viva historia de la época
y vimos edificios conservados como si hubieran sido construídos ayer, hasta que llegamos a Piazza della Signoria, donde está el Palazzo Vecchio y la Galleria degli Uffizi. Creo que en este lugar e
stá resumida la riqueza artística del Renacimiento, el refinamiento y el señorío de Florencia. Estas tres fotos son la muestra de lo que digo; en el centro, la fuente de Neptuno (en la esquin
a de la torre del Palazzo Vecchio); a la derecha, la Galleria degli Uffizi tomada en el sentido opuesto, (al fondo puede divisarse la misma torre del palazzo); a la izquierda, la entrada custodiada por "El Marzocco" el león emblemático de Florencia, obra de Donatello y las estatuas a ambos lados son, la réplica del David de Miguel Angel y Hércules y el Caco de Bandinelli.
Hacia un costado, en lo que sería la base de la "L" q
ue es la forma de la plaza,
se encuentra la Loggia dei Lanzi,
que es un museo al aire libre de las esculturas que pertenecían a los Médici, al frente está la estatua de bronce de "Perseo mostrando la cabeza de Medusa" de Benvenuto Cellini,
en ese momento la mayoría estaban siendo restauradas.
La Galleria degli Uffizi tiene un nicho en cada columna, en los que están las estatuas de las personalidades de las artes y ciencias de esa época, Dante Alighieri, Michelangelo, Leonardo Da Vinci, Bocaccio, Galilei, entre otros.La inexperiencia nos hizo cometer otro error, no compramos previamente las entradas para el museo,
así que hice pacientemente la fila para ingresar;
como a Héctor no le gustan las esperas prolongadas, dijo que iba a hacer tiempo viendo los alrededores, si yo llegaba a la puerta antes de que él regresara, que entrara sin esperarlo; después de dos horas (tuve suerte, luego me enteré que la media de espera puede llegar a cinco horas), entré.
Héctor no había regresado.
No permitían tomar fotografías. Estos contratiempos quedaron atrás cuando comencé a recorrer las salas, en la primera de ellas encontré tres obras que me describieron, sin ser yo experta en pintura, como las mentes del renacimiento habían revolucionado las artes, especialmente la pintura.
Eran tres Majestades, es decir, la Madonna con el Niño en un trono, rodeados de ángeles; la primera de Cimabue de 1280, se aprecia la tradición medieval bizantina, muy trabajados los detalles del trono y el manto de la virgen, aunque las figuras aparecen como planas; la segunda de Duccio del 1285, es similar pero con tonos más ligeros, los ángeles arrodillados y el niño más tierno y la última del Giotto de 1310, está trabajada utilizando el claroscuro, donde todas las figuras están más corpóreas; básicamente, esta técnica, junto a la aplicación de la perspectiva son las que hicieron el cambio.
Y así seguí por las 45 salas, desde la Arqueológica hasta la del Siglo XVIII, pasando por la de los Mapas Geográficos, el Gabinete de las Miniaturas, la de Miguel Angel y los florentinos, Veronese, Tintoretto, Dürer, apreciando obras que sólo conocía por los libros, "La An
unciación" de Leonardo, Botticelli con "Alegoría de la primavera" y "Nacimiento de Venus", "La sagrada familia" de Miguel Ángel por nombrar las más conocidas, autores como Uccello, Giotto, Tiziano, Rembrandt, Rubens, diferentes escuelas, Manierista,Véneta, Flamenca, algo indescriptible.
Al salir, en la librería del museo compré el catálogo completo, para llevarme algo de lo que ví y del cual saqué la imagen de la izquierda " Virgen del Magnificat" de Botticelli (para dejarles aunque sea un muestra) y un
libro de diseños de Leonardo "Anatomia e illustrazione del corpo umano" en donde aparecen estos estudios de los músculos y nervios, cuyos originales se encuentran en la biblioteca real del palacio de Windsor en el Reino Unido y son de la colección privada de la reina; (si bien esto no pertenece a Uffizi, había muchas obras de Leonardo y este libro me llamó particularmente la atención). Me reencontré con Héctor que había ido hasta el Ponte Vecchio y al palacio Pitti y cuando regresó yo ya había entrado, nos contamos nuestras vivencias, mientras caminábamos ha
cia el río Arno.Allí estaba el Ponte Vecchio, que Héctor ya había visto pero que vale la pena volver a ver, bordeado por las tiendas de los orfebres y cubierto por el corredor Vasariano que une el Palazzo Vecchio con el Palazzo Pitti.
Dejamos Piazza de la Signoria y nos perdimos otra vez entre las callejuelas, nos detuvimos ante un edificio magníficamente decorado del que no pudimos saber qué era o a quién pertenecía, pero que es un ejemplo de la manera en que protegen y conservan su patrimonio edilicio y cultural.
Llegamos
a la Piazza del Mercato Nuovo o Mercato del Porcellino, donde están los artesanos que trabajan el cuero repujado al estilo florentino, desde ropa, bolsos, cinturones, billeteras, hasta las más pequeñas chucherías para llevar como souvenirs; a la entrada se encuentra la fuente con el Porcellino de bronce que le da el nombre, copia del original que se encuentra en Uffizi.
La tradición cuenta que acariciando el morro del jabalí (por eso está totalmente brillante y pulido) y echando una moneda en la boca, si ésta cae por la rejilla donde escurre el agua, uno se asegura el retorno a Florencia.
Cerca de
allí está la iglesia de Orsanmichele, cuyo origen había sido un mercado de granos, en el siglo XIV los gremios y los comerciantes más poderosos de Florencia la convirtieron en capilla, aunque en su segundo piso seguían estando los graneros municipales donde se guardaban las reservas para casos de hambruna o asedios. Enriquecieron el exterior con 14 tabernáculos con estatuas de sus santos patronos, por ejemplo, La Virgen y el niño, de Ferrucci (1399) encargada por los médicos y boticarios; San Juan Evangelista, de Montelupo por los comerciantes de seda; San Jorge, de Donatello (1416) por los fabricantes de armaduras; en el interior hay un tabernáculo gótico de Andrea Orcagna que guarda a la Virgen de las Gracias, de Bernardo Daddi en reemplazo de la Virgen de Orsanmichele que se quemó en un incendio.
Por la vìa del Giglio llegamos a la Cappelle Medicee y a la basílica de San Lorenzo que fue la iglesia privada de los Medici. En los subterráneos de la basílica está la tumba de Cosme el Viejo y de Donatello; por una escalera se va a la Capilla de los Príncipes, el suntuoso mausoleo de la familia. Es una sala octogonal recubierta de mármol egipcio, jaspe y piedras semipreciosas, con los sarcófagos adosados a las paredes, de los grandes duques Fernando II, Cosme II, Fernando I, Cosme I, Francisco I y Cosme III, dos colosales estatuas de bronce rematan el segundo y tercer sarcófago; por un corredor se llega a la Sacristía Nueva, construída por Miguel Angel, iba a ser la cap
illa funeraria de la familia, pero la expulsión de los Médici y la partida de Miguel Angel, hizo que sólo quedaran completos dos monumentos funerarios, el de Lorenzo, duque de Urbino y Giuliano, duque de Nemours representados en dos conjuntos estatuarios como si fueran héroes griegos, el de Lorenzo, acompañado del Crepúsculo y la Aurora y el de Giuliano, que a sus pies tiene las alegorías de la Noche y el Día.
Aquí tampoco permitían las fotos, así que el único recuerdo tangible son los tickets de la entrada y tanta magnificencia solo quedó grabada en nuestros espíritus.
La última n
oche en Florencia volvimos a la Piazza de la Signoria, con la intención de cenar en alguno de los restoranes que tenían mesas alrededor de la plaza y encontramos los preparativos para un concierto; estaban también, sentados al costado del escenario unos niños con trajes medievales, unos tambores y banderas, que al parecer ya habían actuado; nos quedamos escuchando hasta el final, cuando fuimos a cenar, los restoranes ya habían cerrado, así que concluimos la velada tomando un helado frente al Duomo.
Al día siguiente partíamos a Roma, la breve estadía en Florencia no nos había permitido dar más que un sobrevuelo por los lugares más importantes, nos quedaban tantísimos otros para visitar, sería a nuestro retorno si la tradición del Porcellino se cumplía... Y se cumplió!
Llegamos a Venecia Santa Lucia por tren.
Antes de salir de Buenos Aires, habíamos comprado el ticket "Italy Flexi Railcard", por ocho días, segunda clase y previa validación en cualquier ventanilla de Ferrovie dello Stato, nos permitía viajar libremente por toda la red ferroviaria, sólo debíamos poner en unos casilleros del voucher la fecha del viaje y mostrarlo cada vez que nos fuese requerido.Así habíamos viajado a Como y a Génova, sin reservas pre
vias y en el horario que mejor nos convino.
Y así lo hicimos para ir a Venecia, con la diferencia que ahora llevábamos las dos valijas, que en los translados previos habían quedado en el hotel, ya que fueron salidas de ida y vuelta en el día y nos arreglamos con una mochila cada uno.
Subimos al coche de segunda clase y empezamos a caminar por el pasillo a buscar asientos.Este tren IC (Intercity) era diferente a los anteriores, los vagones tenían tres o cuatro compartimentos de madera de buena calidad, antiguos pero muy bien conservados, con asientos de a tres enfrentados, tapizados de pana azul, puertas corredizas vidriadas que daban al pasillo lateral y en los extremos del coche, los baños.Encontramos dos lugares libres, acomodamos las valijas en el estante superior y nos dispusimos a disfrutar del viaje.El corredor estaba abarrotado, no era época de vacaciones, nunca imaginé que en un día de semana viajara tanta gente con toda clase de equipaje, en un trayecto de larga distancia. En un momento, alguien agitó unas cartulinas frente a nuestras narices, diciendo: -Estos lugares son nuestros!
Menuda sorpresa, nadie nos había avisado que en estos viajes era conveniente tener reserva previa. Salimos al pasillo, como pudimos nos acomodamos con las valijas; descubrimos que algunos viajeros estaban sentados en unos banquitos rebatibles que había debajo de las ventanillas, quedaba uno libre y nos turnamos para descansar, aunque, de tan angosto que era el paso, a cada rato había que levantarse, porque la gente seguía yendo de un lado al otro. Evidentemente, ese día, a todo el mundo se le había ocurrido tomar este tren. Después de pasar siete estaciones, con paradas en algunas de ellas, había mermado el tumulto y al llegar a Verona, se desocuparon dos asientos y pudimos sentarnos. El resto del viaje continuó tranquilamente, al parecer, a partir de allí los que ascendían no tenían reservas, así que nadie más vino a reclamar su puesto. Esto nos enseñó algo: reservar asientos previamente o por lo menos consultar, antes de viajar, si sería necesario hacerlo.Al salir de la
estación nos encontramos con el Gran Canal, esta vista nos hizo olvidar las peripecias en el tren.
Cruzamos por el Ponte degli Scalzi para ir al hotel que estaba, prácticamente enfrente, del otro lado del canal. Éste es uno de los cuatro puentes, con el de la Accademia, el Rialto y el de la Costituzione, que lo atraviesan. (Esta foto fue tomada desde la puerta del hotel y se puede distinguir al fondo el puente, a la izquierda al lado de la iglesia de frente blanco y paredes rosadas, está la estación de trenes). Nuestro hotel tenía la entrada sobre el Gran Canal, la de
coración era estilo veneciano, por supuesto, con las paredes tapizadas en telas; nuestra habitación era de brocato dorado y las ventanas daban a un pequeño canal lateral. Esta es una vista de la recepción.
Salimos rumbo a Piazza San Marco, caminando entre callejuelas no más anchas que nuestros brazos extendidos, cruzando innumerables puentecitos y canales interiores, llegamos a Campo de Polo, donde está el Mercato del Pesce, allí almorzamos en la peschería Vini Da Pinto 1890 (año de su fundación) y luego continuamos nuestro camino por otras callecitas, parecía que nos habíamos perdido hasta que después de girar en un recodo,
aparecimos en la plaza. Me deslum
bró.
En la fachada de la Basílica los mosaicos dorados del siglo XIII, resplandecían bajo el sol. Los caballos de bronce, que durante la cuarta cruzada (siglo IV) fueron traídos desde Constantinopla, asomaban en la terraza; son copias, ya que los originales están resguardados para cuidarlos de la polución, en el museo de la basílica; copias también, son los que adornan el Arco de Triunfo de Carrousel en París, ya que Napoleón se había llevado los originales cuando tomó Venecia y debió devolverlos en 1815. El león alado, sobre el campo azul estrellado, símbolo del poder de los Dux y patrono de los artesanos del vidrio, custodia la ciudad.
Nos abrimos paso entre turistas y palomas y entramos a la basílica.
El interior es estilo bizantino, los mosaicos y pavimento en tonos pasteles y con gran profu
sión del dorado; desafortunadamente, no dejaban tomar fotografías aunque fueran sin flash, así que terminamos comprando unas postales que vendían allí, que se convirtió en una constante en todas las iglesias, no sólo hay que pagar para in
gresar sino que también han dispuesto unas librerias-boutiques, donde venden toda clase de souvenirs, postales y libros afines.
(En ese momento estaban haciendo la transición de lira a euro, era obligatorio, aunque no aparecía en todos los tickets, que los importes se expresaran en las dos monedas).
Aquí les dejo las postales, no tiene el mismo valor que el de una foto tomada por uno mismo, aunque sea un mal fotógrafo, pero cumplen su cometido. La realidad es que, ni fotos ni postales reemplazan la impresión que queda en el espíritu al ver tanta magnificencia; pintores, escultores y artesanos plasmaron, en estas obras, su arte que perdura inigualable a través de los tiempo
s. Pueden ver una linda página web en www.basilicasanmarco.itLa Pala d´Oro es un retablo que está detrás del altar mayor.
Esmaltes y vidrios policromados, esmeraldas, rubíes, piedras semi preciosas y perlas están engarzadas sobre plata y oro, relatando la vida de San Marco, el retrato del Dogo (o Dux) y
escenas bíblicas.Todo fue traído o costeado con el saqueo de Constantinopla y por las incursiones de los venecianos por todo el Mediterráneo, a su vez Napoleón, desengarzó una gran cantidad de piedras llevándoselas a Francia; luego, fueron devueltas.Bajo el altar mayor (foto de la derecha) está sepultado San Marco, cubierto por un baldaquino de mármol verde y columnas de alabastro con escenas del evangelio.
De vuelta al exterior, teníamos frente a nosotros todo el panorama de la "Piazza". Al fondo el ala Napoleónica, construída por orden de él para cerrar la plaza; a la derecha, La torre de
l "Orologio"que en ese momento estaban restaurando y la "Procuratie Vecchie"; a la izquierda, la Librería Sansoviana en la "Procuratie Nuove", el Campanile y la Librería Marciana. En las galerías se alojan librerías, joyerías, negocios de artículos de vidrio y de encajes y los famosos caffè con las orquestas que animan a los turistas que se sientan a sus mesas ubicadas bajo las arcadas. (Los desprevenidos presten atención, en el precio de la consumisión, ya de por sí sumamente elevado, se incluye un plus sustancioso por la orquesta).
Al día siguiente tomamos un "vaporetto" para volver a San Marco. Es un
colectivo acuático; la mayoría de la gente que trabaja en los hoteles y negocios de la isla, no vive allí, vienen todas las mañanas por tren desde Venecia Mestre, y luego toman las líneas que circulan en diferentes direcciones para dirigirse a sus ocupaciones. Así que imaginen, un rato antes de las nueve de la mañana, un panorama no muy diferente del que se puede ver en las estaciones de Retiro, Once o Constitución en Buenos Aires (un hormiguero de personas trepándose a los colectivos o subtes) con la diferencia de que aquí, el marinero va contando los pasajeros y cuando llega a una cantidad determinada, por más apurado que uno esté, cierra la puerta de embarque y te deja en el muelle, a esperar el siguiente.
Descendimos en el muelle de la Riva degli Schiavoni, frente al Palacio Ducal, cuyas paredes están decoradas c
on formas de rombos en
mármoles rosados y blancos.En el patio se encuentran dos brocales de bronce del siglo XVI y la hermosa escalera de mármol blanca,
donde se coronaban los dogos, que culmina con las esculturas de Sansovino Los Gigantes, del siglo XV que representan a Marte y Neptuno.
Luego subimos por la Scala d´Oro que conduce a los apartamentos privados de los dogos, con maravillosos estucos dorados decorando el techo, de allí recibe el nombre; en los aposentos se pueden ver pinturas de Tiziano y Tintoretto.
Por último, atravesamos el Puente de los Suspiros que, como dice la leyenda, recibió ese nombre porque era lo que hacían los condenados al recorrerlo rumbo a los calabozos, recorrimos los pasillos de la prisión, cuanto más bajábamos más húmedos y más pequeños, así castigaban a los convictos más peligrosos.
Nuestra siguiente parada fue el Ri
alto, el famoso puente, desde cuyas balaustradas se tiene una vista magnífica del Gran Canal; dentro se alojaban los mercaderes que venían de todo el mundo conocido con sedas, especias, joyas y baratijas. Hacia los laterales también estaban las tiendas de comestibles, quesos, café y los mercados de frutas y verduras y la pesquería.
Ahora continúa la tradición, los mercaderes se han convertido en
puestitos de venta de chucherías para turistas, los negocios de comestibles perduran y en los locales están las marcas de más categoría de ropas y joyas y los vendedores de las hermosísimas artesanías en vidrio, con precios inalcanzables para nuestros bolsillos subdesarrollados, aún con el espejismo de ese entonces, el uno a uno.
Partimos con los ojos y el espíritu rebosantes de belleza y majestuosidad, acompañados por los sonidos de un concierto de Vivaldi y la promesa de un retorno, para dar un romántico paseo en góndola.
Venecia, la Serenissima Reppublica di San Marco, perdurará en todo su esplendor en nuestra memoria.