Hay tanto para ver todavía...
El conserje del hotel nos había marcado en un mapita los puntos que, según él, no debíamos dejar de ver. Muchos los habíamos hecho, nos quedaban varios más que, en tan corto tiempo, serían imposibles hacer.
Entonces, nuestro itinerario de hoy sería hacia el Trastevere.
Comenzamos nue
stro recorrido por las conocidas vìa Veneto, vìa del Tritone y vìa del Corso, luego caminando entre callecitas encontramos la iglesia de San Ignacio que originalmente fue el Colegio Romano, escuela de gramática, humanidad y doctrina cristiana, gratuita, de la orden de los jesuitas. Se construyó siguiendo la línea de la iglesia del Gesù en 1626, por sugerencia del papa Gregorio XV al cardenal Ludovisi cuando canonizó
a San Ignacio, fundador de la orden.
En la foto de la izquierda se ve el altar de San Luis Gonzaga, en mármoles blanco y verde.
A la derecha, el monumento a Gregorio XV y al cardenal Ludovisi.
Pasamos por Santissima Trinità dei Pellegrini, del siglo XVII. No pudimos entrar, allí se alojaban los peregrinos de todo el mundo que llegaban a Roma. Sobre todo para aquellos que lo hacían en ocasión de los jubileos.
En piazza de la Rotonda descubrimos el Panteón.
Es una obra de ingeniería romana, debida al emperador Adriano que lo proyectó entre 117 y 125 dC para reconstruir el templo de Marco Agrippa (27aC) yerno de Augusto.
En el friso puede leerse:
M.AGRIPPA.L.F.COS.TERTIVM.FECIT
(Marco Agrippa, hijo de Lucio, cónsul por tercera vez,(lo) hizo)
El pórtico tiene 16 columnas de granito, de las cuales 13 son originales.
El artesonado de la cúpula reduce su peso y el alto y el ancho son iguales, 43,3 metros, por lo que se puede inscribir una esfera completa en el espacio interior.
La abertur
a del centro (óculo) permite la entrada de la luz solar y de la lluvia, que escurre en una rejilla que hay en el piso de mármol, que conserva el diseño romano original.
Según Marguerite Yourcenar en su libro "Memorias de Adriano", éste dijo sobre el Panteón : "...Quise que este santuario de todos los dioses representase el globo terrestre y la esfera celeste, un globo dentro del cual se encierra la semilla del fuego eterno, todo contenido en la cueva esférica"...
Fue convertido en iglesia cristiana en el siglo VII. En los muros hay sepulturas alineadas, entre ellas la del rey Vittorio Emannuelle II y la de su hijo Humberto I y su esposa Margarita.
Fue utilizado en el renacimiento como sede de la Academia de los Virtuosos de Roma, sirviendo como sepulcro de grandes artistas, como Rafael. Su tumba es del 1520, sobre
ella está pintada una Madonna de Lorenzetto del 1524.
Estuvo permanentemente en uso, por lo que es el único edificio de la antigüedad en perfecto estado de conservación. Sirvió de modelo para cúpulas de diversas iglesias y se dice que Brunelleschi lo estudió para diseñar la cúpula del duomo de Florencia, punto de partida para la arquitectura renacentista.
Será que la obra de Yourcenar me tocó tanto, que asocio este edificio al personaje y así quedó impreso profundamente en mi espíritu.
Como resistiéndonos a dejar de admirarlo, nos sentamos a tomar un caffè en un bar con mesas colocadas a la vera de la plaza.
A una cuadra de allí está el palacio Madama, actual sede del senado. En ese momento un pelotón de honor aguardaba la salida del féretro de un senador fallecido, que había sido velado con todos los honores del cargo.
Por un estrecho callejón desembocamos en piazza Navona.
Es un óvalo siguiendo el diseño de un circo romano. El Stadium de Domiciano del siglo I. Allí se hacían juegos y carreras de caballos.
Fue mercado hasta que éste se transladó al Mercado dei Fiori y ahora presenta en el área peatonal que la rodea, algún tipo de actividad de día o de noche: artistas callejeros, exposiciones, bares.
En el barroco, bajo el papado de Inocencio X, fue embellecida con sus fuentes, en
especial la del centro, la fontana dei Quattro Fiumi de Bernini (1651).
Representa a los cuatro ríos conocidos de la época, el Nilo, el Ganges, el Danubio y el Río de la Plata. Uno de cada continente, representados por gigantes. Del bloque de piedra emergen plantas y animales poderosos: leones, cocodrilos, caballos, como en una naturaleza exuberante y en el centro se erige un obelisco egipcio de la época de Domiciano.
Sobre el lado izquierdo se encuentra la iglesia de Sant´Agnese in Agone de Borromini. Cuentan que la rivalidad entre éste y Bernini fue tal que el escultor hizo que uno de los gigantes de la fuente esté colocado en una postura de defensa y horrorizado, mirando la fachada de la iglesia.
En cada extremo están las fuentes de Nettuno, al norte y la del Moro al sur. Son del escultor Della Porta de 1574 y 1576, respectivamente.
Antes pasamos por el Campo di Fiori, el mercado más pintoresco de Roma. Originalmente fue un prado de flores, de ahí su nombre.
Todavía los puestos estaban abiertos y se podía encontrar toda clase de artículos, desde frutas y verduras, pasando por fiambres, quesos, pescados, ropa, artículos de bazar, lo que se necesite.
Compramos unos higos enormes y una cerezas que parecían ciruelas. Conseguimos una cafetera para dos, tipo expréss (parecida a las volturno que se ven en Buenos Aires). Ésta tenía a la altura de la rosca, dos alitas para apoyar los pocillitos y el café se vertía por dos cañitos de bronce que se abrían desde el centro hacia cada lado. Tuvimos la precaución de comprar los repuestos de la guarnición de goma que con el uso se quiebra, el vapor escapa y no filtra el café.
Continuamos
por callecitas típicas, con características más populares, todavía estaban colgadas las banderas del club Roma que había ganado el campeonato el domingo. También se veían balcones con ropa tendida.
Cruzamos por el puente Sisto y en unos minutos estuvimos en la piazza Santa María in Trastevere. Por las noches, alrededor de su fuente, se reunen los jovenes en gran cantidad a pasar el rato. Es una zona de mucho movimiento turístico por los pubs y restoranes.
Allí se encuentra la basílica del mismo nombre.
Es medieval, fue fundada en el siglo III por el papa Calixto I.
En la fachada conserva un mosaico del siglo XIII y en la cúpula del ábside hay mosaicos del siglo XII y XIII mostrando "La Coronación de la Virgen" y más abajo escenas de la "Vida de la Virgen".
El artesonado del techo, en mad
era, fue restaurado en
1780-90, sigue la línea de Santa María Maggiore. Las columnas que dividen la nave en tres proceden como todo edificio romano de la edad media, de monumentos antiguos.
Desde allí continuamos hacia el Gianicolo.
Es una colina. La mitología romana cuenta que el dios Jano (Giano) la eligió para fundar su ciudad.
Es un gran parque, desde donde se tiene una vista maravillosa de l
a ciudad.
Se dice que donde se erige el Templete de
San Pietro in Montorio, encargado por los Reyes Católicos a Bramante, bajo la cripta está el sitio del martirio de San Pedro. En la foto Héctor está en la explanada de la iglesia y a sus espaldas se alcanza a ver parte del panorama de la ciudad.
Ya estabamos sobre el mediodía y apretaba el calor. Seguimos un poco más y encontramos este monumento a los Caídos en 1849 y 1870.
Fueron los que cayeron peleando al mando de Garibaldi, contra los franceses de Napoleón III que sitiaron Roma. Y después los que lo hicieron por la reunificación de Italia, al mando otra vez de Garibaldi que había regresado del exilio.
Más adelante está el monumento ecuestre a este héroe de Italia, pero no llegamos hasta allí.
Nuestro objetivo era ver Il Fontanone, del que tanto nos había hablado el
conserje del hotel.
Nuestras provisiones de fruta se habían terminado, este parque es enorme y en subida.
Y lo encontramos ...
La obra arquitectónica en sí es del 1612, ordenada por el papa Paulo V, por eso el nombre de Fontana Paula.
Así se restauró el acueducto Trajano que traía el agua desde el lago Bracciano y abastecía a los molinos de
Roma en la antigüedad.
Los mármoles provienen del templo de Minerva en el foro de Vesta y las columnas de la antigua basílica de San Pedro.
En el centro tres cataratas caen en una enorme pileta de mármol blanco.
En las dos arcadas laterales más bajas, el agua torrencial sale por la boca de dos mascarones.
Se ve arriba el emblema del papa, un dragón dominado por un águila y más abajo el texto:
"PAVLVS QVINTVS PONTIFEX MAXIMVS / AQVAM IN AGRO BRACCIANENSIS / SALVBERRIMIS E FONTIBVS COLLECTAM / VETERIBVS AQVAE ALSIETINAE DVCTIBVS RESTITVTIS / NOVISQVE ADDITIS /
XXXV AB MILLIARIO DVXIT".
En el cual figura un error, ya que dice que restituye el acueducto Alsetino, cuando en realidad se trata del Trajano.
Lo maravilloso de todas estas fuentes grandes y pequeñas, es que se encuentran dispersas por toda la ciudad. Uno las admira como obras de arte decorativo. La belleza, que el talento de los escultores a cual más famosos le han plasmado al mármol , es invalorable. Pero además, son obras utilitarias aún en uso.
Gracias a la ingeniería arquitectónica de los antiguos romanos, los acueductos todavía mantienen su utilidad, llevando el agua a toda Roma, limpia y potable.
El sonido y la frescura invitaban a quedarse pero decidimos, con todo nuestro pesar, regresar.
Ibamos por el viale Trastevere cuando Héctor sucumbió al llamado de una pizzería.
Llena de gente.
Se saca número, se eligen los gustos, el pizzero corta y pesa (las porciones son cuadradas), da un ticket, se paga en la caja y luego se retira la bandeja. Se come de parado aunque hay unas banquetas altas, generalmente ocupadas. Yo, por supuesto, comí un exquisito pescado grillado con ensalada.
Una vez recargadas las baterías, continuamos. Cruzamos otra vez el Tiber por el puente Garibaldi.
Rumbeando por callecitas, algunas ya vistas y reconocidas y otras no, llegamos a la Fontana di Trevi.
Es la parte posterior del palacio Poli y en vez de encontrar un muro liso, aparece este conjunto escultórico impresionante. Hay que bajar unas escalinatas semicirculares, donde la gente se sienta a ver el espectáculo.
Es la culminación del acueducto Virgo, que iba directamente a las Termas de Agripa.
El tema es Neptuno domando a las aguas.
Sobre una carroza de conchas marinas es tirado por dos tritones que guían a los caballos de mar. Se complementa con la estatua de la Abundancia que vierte agua de su copa y Salubridad que sostiene otra de la que bebe una serpiente.
Todo surgiendo entre rocas y aguas circulantes.
La fuente en sí, está rodeada por una pasarela y para acercarse al borde y cumplir con la tradición de arrojar las monedas, hay que abrirse paso
entre la multitud.
Ambos hemos cumplido también con esta tradición, que dice del retorno y de la felicidad que se puede hallar...
La siguiente parada fue piazza Spagna y la escalinata tantas veces vista en los desfiles de moda por televisión.
Turistas y locales sentados, descansando, charlando, haciendo tiempo para un encuentro.
Gritos, risas y murmullos en diferentes idiomas, en la apacible tardecita en el comienzo del verano en Roma.
A los pie
s, la fontana de la Barcaccia, obra de Bernini (padre) en el siglo XVII.
La poca presión con la que circulaba por ahí el acueducto Virgo, hizo un poco dificultoso para el escultor realizar grandes caídas de agua.
Por lo que se inspiró en una vieja barca abandonada después de una inundación del Tiber.
La decoró con soles y abejas del escudo de la familia del papa Urbano
VIII, quien era el que se la había encargado.
Al fondo la vìa dei Condotti, donde las tiendas y joyerías más lujosas tienen sus locales. En el número 11, vivió Guillermo Marconi, el inventor de la radio.
A la derecha, en el caffè Greco se reunían Stendhal, Goethe, Byron, Listz y Keats que también vivió por allí y su casa fue convertida en museo.
En lo alto de la escalinata está la iglesia de Trinità dei Monti (siglo XVI). Toda el área es de influencia francesa ya que fue donada por el rey de Francia Carlos VIII.
Al frente está ubicado el obelisco Salustiano, el último de los grandes obeliscos del imperio romano, que el papa Pio VI mandó a erigir allí.
Lentamente nos fuimos yendo hacia el hotel.
Ésta, la última noche en Roma, queríamos tener una cena formal para despedirnos.
Héctor quería ir a uno de esos finos restoranes que veíamos sobre la vìa Veneto, con mesas en las veredas.
A los pocos minutos de estar sentados, comenzó a llover.
El toldo nos cubría, pero pronto el aguacero fue más violento y las ráfagas de viento hacían que la lluvia nos salpicara desde los costados.
Con mucha diligencia, el mozo nos mudó y terminamos la cena dentro del local.
Estabamos despidiéndonos de Roma con el ánimo melancólico.
Parecía que ese también era el ánimo de Roma, al despedirse de ese modo de nosotros.
A la mañana siguiente el sol brillaba y hacía un calor pesado. Le pedimos al conserje un taxi, aunque las valijas tenían el mismo peso, nuestras fuerzas no eran capaces de arrastrarlas con tanto vigor como cuando llegamos, a través de esas pocas cuadras que todos estos días habíamos andado y desandado.
En Termini tomamos un tren especial directo a Fiumicino.
Es de uso exclusivo para la gente que va al aeropuerto, sin paradas intermedias.
Hicimos el check-in de inmediato, para desembarazarnos del equipaje y nos fuimos a recorrer el free-shop.
Compramos algunos regalitos para la familia, que se sumaron a los que ya habíamos comprado en las distintas ciudades. Las últimas liras que quedaban fueron para una lata de amaretti di Saronno.
Pronto estuvimos rumbo a Londres, donde hacíamos transbordo. Cruzamos el océano de noche con una fuerte tormenta que nos sacudió un poco.
Los vientos de cola, hicieron que llegaramos adelantados, pero allí estaba parte de la familia esperándonos para llevarnos a casa.
Y así terminó este breve e impensado viaje a Italia.
Podemos decir que es el ... y algo más! del Viaje a las raíces.
Aunque en realidad... éste no es el real viaje a las raíces.
Éste le permitió a Héctor dar el primer paso, como dije antes cuando hablé de Concorezzo.
Fue el viaje del descubrimiento, el exploratorio, el que confirmó que las pistas que tenía en su poder eran correctas.
Que había que seguir investigando en esa dirección.
Y eso lo vamos a conocer en otro post...









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