Somos personas que viven de un ingreso mensual en relación de dependencia, que alcanza para ciertas comodidades, pero hasta ahí, no más.
Al cumplir Héctor los treinta años de trabajo en la misma institución, se hizo merecedor de un premio, que consistió en un voucher para un viaje.
Después de larga meditación, sacar muchas cuentas y pedir un préstamo, pudimos viajar a Italia, desde el 7 al 21 de junio de 2001.
Viajamos con escala en Londres y de allí a Milán; la noche del 8 de junio festejé mi cumpleaños en el Ristorante Griglieria Torriani, en la via Napo Torriani 25, Milán.
Quién lo hubiera imaginado!!
Ése no fue un simple festejo, tenía varios motivos por los cuales hacerlo, el más obvio el cumpleaños, otro el estar allí, en Italia y el tercero, estar viva y sana.
Después de haberla pasado muy mal durante largos meses, al punto que creí que tenía algo irreversible y fatal, me diagnosticaron celiaquía.
Un cambio de dieta eliminando el gluten de mis alimentos, hizo que me repusiera de una manera tan asombrosa que nadie, ni yo, podía creerlo. Cuatro meses después, estaba recuperando el peso perdido, el humor, las ganas de vivir y allí estaba saboreando un fantástico pescado grillado con verduras, mientras Héctor comía un plato de las famosas pastas italianas, sin que me produjera la más mínima envidia.
Y por qué Milán?... y no Roma... o Génova...o Nápoles...
Porque para ese enton
La mañana del sábado 9 de junio, desde la estación Milano Centrale, tomamos el tren que iba a Como y dos estaciones después, nos bajamos en Monza; allí en la tabaquería de la estación compramos los billetes para el ómnibus a Concorezzo.

El conductor nos indicó dónde bajar y comenzamos a caminar por una calle arbolada, casas con hermosos jardines, uno con una magnolia gigante y desembocamos en vìa Libertà.
Vimos el edificio de la comuna y allí fuimos, buscando los horarios de atención de los días hábiles y el guardia que aún estaba en la puerta, nos informa que hacía pocos minutos que la comuna había cerrado.
¡Allá las oficinas municipales trabajan los sábado a la mañana!
Aún sorprendidos y desencantados a la vez, comenzamos a recorrer el centro y descubrimos la catedral.

Desierta, austera, sólo estaba una señora mayor acomodando los manteles en el altar, luego llegaron otras personas con arreglos florales, al parecer a la noche iba a haber un casamiento.
Preguntamos por el párroco, por los libros de casamientos y bautismos, nos informó que los archivos estaban en otro lado y que el encargado de tales asuntos, atendía los jueves. Le contamos que veníamos de Argentina y debíamos seguir viaje, si no podía hacer el favor de atendernos este día, de mala gana y con poca paciencia, accedió a llevarnos con Dom Cucco Adriano, tal el nombre del sacerdote.
Ya en la calle nos cruzamos con otra señora, a la que pone en conocimiento del caso y, recalca, que ella está muy ocupada por el arreglo de la iglesia; Héctor pregunta si el nº 1 de vìa santa Marta estaba muy lejos (sabíamos que allí ha
bía nacido su abuelo José) nuestra nueva interlocutora, sorprendida dice que ella vive en el nº 4, que está cr
uzando por un pasaje que se abría casi a nuestras espaldas.La cada vez más malhumorada guía nos pregunta si no era que queríamos ir al archivo, decimos que ambas cosas y viendo que se estaba poniendo de peor talante, Héctor le dice que no se preocupe, que le va a escribir a Dom Cucco Adriano, ya que había sido tan amable de darle la dirección y que lo que quería averiguar, lo haría por correo.
Ni lerda ni perezosa, giró sobre sus talones y rauda partió a continuar con sus menesteres, dejándonos con la nueva guía que, al avanzar por el pasaje, le iba anunciando a todo el que se nos cruzaba o salía de los negocios a mirarnos con curiosidad -y fueron muchos- que veníamos de la Argentina a ver la casa de vìa Santa Marta 1, todo esto en medio de gritos, saludos, risas y ademanes, tantas veces vistos en las típicas comedias del cine italiano.
La buena señora nos abandonó en la puerta de su casa, diciéndonos que el número 1 había desaparecido porque se había modificado el edificio y donde estaba la puerta ahora se encontraba una ventana.
Alli fuimos... qué emoción... tocamos las paredes... sacamos fotos...hubiéramos querido entrar, pero misteriosamente, la calle había quedado desierta, era la hora del pranzo y no daba para tocar el timbre...
Caminamos arriba y abajo por esa corta calle, la misma que Enrico, Angela y sus cinco hijos desandaron cuando el destino los desarraigó de ese hogar...
Volvimos el lunes bien temprano, en la comuna nos atendió una señorita muy amable que al oír el nombre y apellido de mi marido, le dijo: -Qué suerte que pudo venir hasta aquí, porque tiene que actualizar sus datos en el Anagrafe (Registro Civil)!
¡¡¡¿¿¿Cómo???!!!
No entendíamos nada, y así nos enteramos que varios primos tenían ya la doble ciudadanía, gracias al abuelo José de Concorezzo!!!
Nos llevamos la partida de nacimiento del abuelo, contactos y direcciones de mails.
Cuando salimos de allí, un rara luz brillaba en los ojos de Héctor y comprendí que había dado el primer paso para hacer un viaje de mil millas, como dijo Lao-tsé...

Héctor, ¡no sabés cómo te entiendo!!!!
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